sábado, 11 de febrero de 2012

Pateando guitarras



La imagen que aparece arriba fue objeto de una curiosa discusión en una página de Facebook dedicada a la música metal, porque a un seguidor le pareció ofensivo que juntaran a Eddie the Head, la mascota de Iron Maiden (el cráneo al extremo derecho de la imagen, para quienes no escuchan metal y no conocen a Iron Maiden) con Chris Fehn (el tipo de la máscara de nariz larga), argumentando que Slipknot, el grupo al que pertenece Fehn, es “una mierda”, y parte de una música que no se puede considerar metal: entre el nu metal y el metal alternativo. Cuando otros le hicieron ver que sólo era una imagen satírica de la Última Cena, y que debía verlo simplemente con humor, insistió con el comentario de que eran una mierda, sin dar motivos ni razones.

Si hay algo que me parece fastidioso sobremanera dentro de la cultura metalera es el hecho de que en ciertos colectivos se observan tendencias extremistas, algunas al punto del sectarismo, dedicados a despreciar a los géneros que ellos consideran “falso metal” y denigrando a las personas que ellos consideran poseurs, por escuchar lo que para ellos no pertenece al género metal. Particularmente algunos de los que escuchan metal de la llamada vieja escuela, algunos thrashers y muchos blackers son altamente conservadores con respecto a la música, y etiquetan muchas de las bandas de metal actuales, sea de su propio subgénero o de otros afines, como “basura comercial”. Es molesto encontrarse con este tipo de pensamiento, aquellos que se definen como “true metal” y que señalan como “falso metal” lo que no es acorde con sus gustos, lo que, según ellos, traiciona el “espíritu”, la “ideología” del metal, en sitios de Internet y foros.

Podría alegarse que puedo, simplemente, alejarme de ese tipo de páginas si me molesta su contenido. Bien, eso es verdad: nada lo obliga a uno a entrar a esos sitios Web, y el metal no es el único género musical que escucho. Pero no es agradable saber que hay personas que les gusta pisotear a las demás simplemente por sus gustos musicales dentro de un mismo género, basándose en premisas que, si se analizan con cuidado, son en realidad falacias lógicas de poco o ningún sustento válido.

Teniendo en cuenta esto, me propongo analizar tres ideas comunes, algunas surgidas a partir de conceptos que no sólo se encuentran dentro de la comunidad metalera, que hacen parte de los argumentos de los que se hacen llamar metaleros auténticos: la “ideología” del metal, el concepto de “banda comercial” y las críticas a las fusiones musicales que dieron pie a subgéneros como el nu metal y el metalcore. Esto sin el ánimo de exponer mis pensamientos como ideas absolutas o irrefutables: simplemente son reflexiones, y no voy a obligar a nadie a que piense como yo, ni que le guste lo mismo que a mí; pero sí quiero replantear esas ideas nocivas. Tampoco niego la existencia de los llamados poseurs entre los metaleros, porque es cierto que hay personas que toman elementos de estos para hacerse notar, sin tener realmente conocimiento o gusto de la música metal. En todo caso, cada persona es libre de tener los gustos que quiera, y no se le puede atropellar por eso.

1) La “ideología” del metal: con respecto a este primer argumento, debo realizar una afirmación simple y contundente: el metal es únicamente un género musical. No es un movimiento filosófico, ni una corriente del pensamiento. Dicho eso, cualquier afirmación del metal como una “ideología” es absurdo, simplemente porque no hay una verdadera ideología del metal definida como tal. Y no hay una ideología del metal, sencillamente porque, incluso aunque se aceptara un género musical como un movimiento ideológico, es tan variado y complejo en subgéneros que no habría un elemento común entre ellos que permitiera una cohesión. Cada subgénero está fundamentado en un estilo musical y una temática lírica que lo separa de los otros, y aún así siempre hay bandas que definen su propio estilo dentro de cada género sin que ello los diferencie del mismo.

A esto hay que sumarle el hecho de que cada persona tiene su propio cuerpo de ideas y opiniones que lo mantiene como un individuo dentro del colectivo. En muchas de las llamadas subculturas o tribus urbanas, aunque cuentan con patrones comunes que definen su ideología, no todas las personas que hacen parte de ellas comparten todos estos patrones y se definen por sí mismas. Diferencias en cuestiones políticas, creencias religiosas, tendencias sexuales… Ninguno de estos elementos ideológicos tiene un común denominador dentro de la comunidad metalera, por lo cual es difícil hablar de una ideología del metalero, y esto es patente en el hecho de que es difícil definir a un metalero en sí dentro y fuera de la cultura; por ello, la discriminación de algunos metaleros (hago énfasis en que estas ideas no son comunes a todos los metaleros) hacia otros por traición al “espíritu” del metal es un argumento tan sólido como una silla de oro sobre un pedestal de palitos chinos. Si no hay una ideología del metalero no se puede hablar tampoco de un “estilo de vida” del metalero: la música es parte del estilo de vida del individuo, pero no es su estilo de vida, ni define su estilo de vida. Siendo honestos, en tales términos no existen realmente los “verdaderos metaleros” ni los “falsos metaleros”, en cuanto compartan el gusto por la música metal.

2) La “música comercial”: el argumento más común entre los metaleros extremistas hacia otros miembros de la cultura para tacharlos de falsos metaleros es que escuchan bandas o géneros que ellos llaman “comerciales”, que lo único que buscan es dinero fácil a través de música accesible a un mayor público. Esto es visto sobre todo entre los blackers seguidores de bandas de black metal pertenecientes al movimiento noruego, que se hacen llamar auténticos, y entre los seguidores de otros subgéneros que desprecian variaciones como el nu metal, el metal alternativo y los subgéneros con el sufijo –core.

Aquí hay lo que podría considerarse una ironía basada en un error conceptual. Según la RAE, el comercio se define como “negociación que se hace comprando y vendiendo o permutando géneros o mercancías”. En Wikipedia, comercio es definido en un sentido más amplio como “la actividad socioeconómica consistente en el intercambio de algunos materiales que sean libres en el mercado de compra y venta de bienes y servicios, sea para su uso, para su venta o su transformación”. Si nos atenemos a estas definiciones, se puede afirmar lo siguiente: todas las bandas de música y todos los géneros musicales son comerciales. Toda producción musical es comercial y hace parte de la industria de la música. Visto tras esta definición, toda mención de una banda como “basura comercial” es, hasta cierto punto, vacía.

Hay, eso sí, géneros que son comercialmente más masivos con respecto a otros. Que una banda experimente fusionando con tales géneros (el nu metal surgió de mezclas del thrash metal con los fraseos del rap: ¡Anthrax y Rage Against the Machine fueron sus precursores!) o realice una transición hacia ellos (Metallica como ejemplo para los metaleros; Shakira como ejemplo en general) no es malo per sé: la evolución de un artista muchas veces se da en este tipo de mezclas, y es de una fusión similar de la que surgió el heavy metal, a lo que me referiré en el tercer argumento. Buscar que su música llegue a un mayor número de personas tampoco es, en cierta forma, reprochable. Ninguna banda, ningún artista, produce música solamente “por compartir su arte” con los demás. No idealicemos bobadas; no hay que ser ridículos. Ellos también son trabajadores y deben obtener ganancias de ello. Lo que sí es vergonzoso es que en su afán de masificarse abandonen ideas, traicionen su ética profesional y se apeguen a los conceptos de aquello estética, cultural y moralmente aceptable en la sociedad, lo que llaman mainstream, o al menos contrario a lo que pretendían transmitir originalmente. Y hay que admitirlo: la fusión de géneros y el cambio hacia géneros nuevos, no sólo dentro del metal sino en otros géneros, si bien ha generado música de alta riqueza y calidad, también es espacio para producciones musicales que son simplemente bodrios.

3) La fusión dentro del metal: Un último recurso de los metaleros intolerantes para despreciar a aquellos que muestran preferencias por el nu metal, el metal alternativo y los subgéneros –core es que estos han surgido al mezclar el metal con géneros más masivos comercialmente, como el rap, o géneros “rivales”, como el hardcore punk, por lo cual algunos metaleros no se molestan siquiera en escucharlos.

No es necesario un debate largo sobre este último punto. Quienes desprecian tales subgéneros en el metal a menudo no reconocen que prácticamente cada subgénero del metal ha nacido a través de influencias y fusiones con otros géneros. El thrash metal nace de la influencia del hardcore punk sobre el heavy metal, incluyendo su naturaleza contestataria; subgéneros como el gótico y el sinfónico surgen de préstamos de la música clásica; el doom metal posee elementos del blues rock y el rock psicodélico; el glam metal, aunque se considera más cercano al glam rock y el hard rock, posee a su vez raíces en el metal. El heavy metal en su estado puro surgió fusionando el rock con la música blues y elementos de música clásica. Criticar las fusiones musicales es desconocer la esencia misma del metal.

Algunos podrán argumentar que los subgéneros actuales se nutrieron de géneros más masivos, y eso les resta crédito, pero ¿acaso el thrash metal tuvo poca aceptación en los ochentas? ¿Y creen que el rock y la música blues eran realmente géneros poco “comerciales” cuando se fusionaron en las melodías del heavy metal? ¿Quién era mayor objeto de consumo que los Beatles? Aparte de ello, y como ya he mencionado antes, la influencia de géneros más masivos, y en ocasiones menos complejos, no impide que desde estos subgéneros del metal surjan producciones musicales de alta calidad.

Al cuestionar estos argumentos, se puede observar que los tambaleos de su validez bastan para desecharlos como motivos de desprecio hacia otras personas. Lo digo nuevamente: esta crítica no busca obligar a nadie a ampliar su gusto musical; eso es algo que corresponde a las preferencias de cada uno. Si un género no es de su agrado, que sea una decisión tomada por su oído. No son necesarias posiciones de rechazo basadas en afirmaciones insulsas y débiles. Son sólo guitarras desafinadas, que tocan acordes terribles de intolerancia y pretensión, y las cuales debemos patear y hacer pedazos. Solo así se puede lograr la convivencia, y tal vez entonces pueda surgir una verdadera ideología del metal.

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