Linternas de Jack: recuperar lo gótico
Introducción
¡Es de nuevo Halloween! La fecha más esperada para un sujeto como yo, que no sólo ama el terror, sino que desde sus años de adolescente se empapó de la subcultura gótica. Y no me refiero a ver una y otra vez El cadáver de la novia -aunque igual eso lo recomiendo-, sino que desde esos años hacía parte de viejos foros en Geocities para interactuar con otras personas, me fui envolviendo con la filosofía, estética y expresiones artísticas que rodean a esta tribu urbana. Mi experiencia de vida ha sido bastante ecléctica y solitaria, en parte por mi propia condición, pero puedo decir sin pena que he sido gótico desde hace ya muchos años.
Es un poco penoso que,
en todos estos años en el blog, nunca haya dedicado un ensayo directo en
referencia a las tribus góticas, en parte porque, de nuevo, para mí ha sido una
experiencia individual desde hace ya mucho tiempo. Y es un tanto incómodo que
rompa ese silencio con este ensayo para hablar de un tema que se lleva hablando
desde hace tiempo en comunidades góticas: la bastardización y mercantilización
de su expresión estética y cultural, y la desconexión de muchas personas dentro
de la subcultura con el significado real de lo gótico.
Por ello, la linterna
que encenderé este año será para analizar esta problemática: qué ha pasado con
la recepción de la subcultura gótica en la cultura popular, las discusiones
internas sobre lo que significa o no ser gótico, y cómo recuperar nuestras
raíces. Parte de los temas a tratar ya han sido cubiertos por creadores de
contenido con una dedicación llena a la subcultura gótica, de modo que también
iré dirigiéndolos hacia sus análisis.
¿Desterritorialización de lo gótico?
Hablar sobre la
historia de los góticos es hablar no sólo de su surgimiento como tribu urbana,
sino también del origen y la evolución del término, de cómo este se fue
relacionando con estilos arquitectónicos, literatura lúgubre de terror,
aterradoras fantasías de cine y evoluciones musicales. Un amigo de Internet,
Maik Civeira (Ego para los vales), se encargó hace años de hacer una serie de
entradas detallando toda la historia del gótico como movimiento contracultural,
de modo que para una comprensión detallada del tema a quienes no son del
mundillo, les
dejo su índice por aquí.
La cultura gótica nació
a partir de los jóvenes que rodeaban la escena post-punk de los años 70 y 80,
una música que era descrita por los críticos musicales como “bailable, con
tonos góticos”. Estos jóvenes no sólo compartían gustos musicales, sino también
las influencias artísticas y culturales que inspiraban a bandas de la época
como Bauhaus, Siouxsie and The Banshees, Joy Division, Sex Gang Children, entre
otras. Serían estas influencias, como la literatura y el cine de terror, el
arte macabro, y la filosofía existencialista, relacionadas con la muerte, lo
macabro y lo oscuro, las que darían forma al movimiento que conocemos hoy. Hay
sin duda un fuerte componente estético en la subcultura, pero es esta base
artística y filosófica lo que le da sentido y pertenencia a la etiqueta de
“gótico” para miles de personas.
No lo sabría el lector si se ha topado con aquellos videos en redes sociales donde aparecen mujeres vestidas de negro y maquillaje blanco pálido en situaciones “cotidianas”, como siendo cajeras del McDonald’s, escupiendo en tu Starbucks, citas en centros comerciales, o cosas similares que parecen más bien la fantasía de un joven precarizado o de un gringo clasemediero pasando por su crisis de mediana edad. La cosa saltó a discusión popular desde el video en que la creadora de contenido Pinkchyu, la más popular entre este estilo de “góticas de TikTok”, apareció junto al rapero Drake pidiéndole que ladrara como perro para ella. La sexualización mercantilizada con las mujeres góticas no es nada nuevo, pero en estos últimos años ha tenido un crecimiento particular sobre todo en el lado anglosajón, principalmente gracias a creadoras de contenido para adultos.
Yo no tengo
directamente ningún problema con Pinkchyu (excepto con ayudar a la
rehabilitación de la imagen de un bastardo como Drake) o con las creadoras de
ese tipo de contenido en general: están vendiendo fantasías particulares a sus
clientes. Por otro lado, sí es bastante molesto y frustrante que se reduzca a
la comunidad gótica, y en especial a las mujeres góticas, a una estética
superficial de propósitos sexuales, porque como muchas de estas fantasías
comerciales, nunca se queda sólo en quienes ofrecen ese producto, sino que se proyecta
hacia la comunidad como tal. Además, se encargan de estandarizar una imagen
física de la mujer gótica que no sólo no se corresponde con la diversidad
presente en la comunidad, sino que además va directamente en contra de los
principios del ser gótico, del rechazo a la conformidad estética.
Tristemente, los
estereotipos en torno a la subcultura gótica no son tampoco nada nuevo. Como
bien describe Ego en su serie de ensayos, el cine y la televisión construyeron
durante años un estereotipo de los jóvenes góticos como personas depresivas y
cínicas, pasando por una fase tras una ruptura amorosa o para esconder su
vulnerabilidad, y encima con elementos estéticos y musicales que no se
corresponden con la escena real; y aunque esto fue cambiando con el paso de los
años -véase por ejemplo a Abby Sciutto de NCIS-, son prejuicios que
seguimos arrastrando, aun cuando de vez en cuando podemos echarnos unas risas
con uno que otro. Es muy irónico, como han señalado mujeres dentro de la
comunidad gótica, que en el pasado a las chicas se les haya visto como
satánicas, bichos raros y hasta lamentables, y hoy en día se ha ensalzado tanto
su imagen al punto de la cosificación.
Por supuesto, hay una
fuerte influencia del capitalismo tardío, que en nuestras sociedades acaba
mercantilizando todo aspecto posible de la sociedad y la cultura, incluso
aquellas expresiones contraculturales de rebeldía y disonancia con las
normativas sociales. Los góticos, por supuesto, tampoco hemos escapado de ello,
y en medio de un modelo económico que también comercia con el deseo y la
sexualidad, las mujeres han sido sus principales “productos en oferta”,
presentando una versión desculturizada y despolitizada de la figura del gótico.
La modernidad -o más bien, sugeriría
Matt McManus, la posmodernidad- y la
globalización cultural han despojado al gótico, y sobre todo a la gótica,
de sus relaciones sociales, de su identidad contracultural frente al resto de
la comunidad humana.
Entre caníbales
Sin duda, la subcultura
gótica enfrenta bastantes problemas en la actualidad por parte del resto de la
sociedad, y eso que ni siquiera he entrado a hablar de las típicas asociaciones
con el satanismo y la brujería que todavía perduran hasta hoy. Por otro lado, y
tristemente, dentro de nuestra propia comunidad también existen muchos
conflictos y dilemas.
Por lo general, todas
las tribus urbanas tienen alguna porción de personajes que se creen “trves”
intentando fiscalizar la pertenencia a su grupo, y la comunidad gótica,
tristemente, no es la excepción. Ciertamente es difícil hablar de que alguien
sea gótico si no comparte los intereses y sensibilidades a nivel musical,
artístico y filosófico, pero para algunos de estos policías de lo gótico, si no
haces además un esfuerzo estético para reflejar ese espíritu oscuro y
contracultural en tus ropas o peinados, definitivamente no eres gótico.
Pero centrarse en los cretinos de la vestimenta sería golpear muy fácil. Otros tipos de “porteros” son un poco más complejos y molestos: aquellos que parecen ver lo gótico como algo que te absorbe por completo, al punto que no puedes o, peor aún, no debes gozar de nada por fuera de ello. A pesar de que desde sus inicios la escena ha tendido a cierto eclecticismo en sus intereses y expresiones artísticas, este tipo de fiscales son bastante críticos de aquellos góticos con lazos culturales e intereses más allá de lo gótico. De manera similar a aquellas personas de una región geográfica que critican a quien goza de gustos e intereses lejanos a la idiosincrasia local, encuentran contradictorio que algunos góticos se mantengan arraigados a gustos culturales más extensos y “populares”, lo que puede caer tanto en regionalismos como en clasismos y racismos.
De aquí se deriva una
discusión reciente en torno a la fast fashion, y aquellos baby bats
-jóvenes recién iniciando en la subcultura gótica- o góticos con recursos
nuevos que consiguen accesorios y material para su estética a través de
aplicaciones como Temu o Shein. Esto ha generado cierto debate en la comunidad,
entre aquellos que -con justa razón- se inquietan debido a los problemas de
explotación que rodean a menudo a las marcas de fast fashion, aquellos
que intentan incentivar entre estos “iniciados” la filosofía punk del DIY
(siglas en inglés de Do It Yourself, “Hazlo tú mismo”) que sigue
presente en la escena gótica, y aquellos que entienden las limitaciones de
recursos, acceso y capacidades que enfrentan personas en otros contextos
sociales. En el fondo, esta discusión es otra extensión de la crítica general
de nuestros tiempos en torno a la explotación capitalista y el neoliberalismo,
ya presentes desde los inicios del movimiento.
Y hablando hace un rato del racismo, hay que mencionar un tema que se ha hecho célebre y preocupante en los últimos años: los góticos ultraconservadores y fascistoides. Si bien la escena gótica no excluye necesariamente a aquellos con visiones conservadoras, recientemente han surgido figuras como Jake Munro, Gothix y Kelley Dennison (apodada “la Goth Baddie de MAGA”), streamers de Internet, que se presentan con una estética, intereses y filosofía góticos, pero con mensajes ultraconservadores, nacionalistas, antifeministas y en general en contra de cualquier progresismo o mensaje de izquierdas. Esto, por supuesto, mientras presentan mensajes como que “lo gótico no es político”, mientras presentan su visión del mundo como “la normalidad” o el “sentido común”, siendo una puerta de entrada terrible para los jóvenes que buscan un sentido y un espacio dentro de un mundo hiperindividualista y depresivo.
Estoy en contra de
cualquier proceso de gatekeeping o rito purista para incluir a alguien
dentro de una comunidad. No obstante, la presencia de estos góticos
ultraconservadores es tanto una afrenta como una amenaza a lo que siempre ha
representado lo gótico desde sus inicios: un espacio para los marginados, para
quienes buscan un espacio donde expresar su interior, para aquellos que buscan
encontrar comunidad lejos de las críticas y la estandarización que se nos
impone, sin afrentar a nadie más. Es absurdo plantear una despolitización de la
comunidad gótica cuando su existencia tiene, en sí misma, una fuerte raíz política
y social, mientras al mismo tiempo estos personajes replican como loros la
retórica postfascista de personajes como Trump, Viktor Orbán, Nigel Farage,
Tommy Robinson y toda la fauna de la “batalla cultural” libertariana en
Latinoamérica.
¿Y cómo retapizamos la Batcave?
Siento que nuestra
comunidad ha ido teniendo una presencia cada vez mayor, tanto en las calles e
instituciones como en las redes sociales. Muchos pueden hablar o mostrar
abiertamente sus gustos, intereses y pensamientos con una libertad que en otros
tiempos era más difícil de encontrar. Por lo mismo, es más importante que nunca
establecer unos principios para que dicha presencia ofrezca un espacio
realmente seguro para las futuras generaciones de baby bats y otras
personas que empiezan a interesarse por lo gótico. Nada de lo que voy a decir a
continuación es original, otros lo han abordado con más profundidad que yo,
pero no deja de ser importante señalarlo, y hoy más que nunca.
-Regresar a las
raíces (post)punk: proteger la estabilidad y seguridad de la comunidad gótica
nos exige recordar que venimos del punk, no sólo de la rebeldía, sino también
de la inconformidad, de resistirse a lo cotidiano, a la imposición de una
realidad anodina. Por lo mismo, el gótico no puede permanecer aislado de las
discusiones sociales y políticas a nuestro alrededor, pues estas también
moldean la percepción por fuera y dentro de nuestra comunidad. No hablo de
salir a reventar ventanas en protestas -aunque si hace falta, no me opongo a
que pase-, sino de hacer parte de las discusiones críticas en torno al propio
modelo económico que nos agobia y convierte en mercancía, así como de mantener
el espíritu colectivo e inclusivo de la subcultura.
Por lo mismo, es imperativo rechazar cualquier discurso racista, clasista, lgbtfóbico, capacitista, o de cualquier tipo de discriminación posible dentro de la comunidad gótica. He dicho antes que la cultura del gatekeeping es algo molesto, pero también deben manejarse unos principios básicos, y la comunidad no se puede convertir en una unidad uniforme y excluyente, de modo que necesitamos oponernos activamente a la presencia y mensajes de aquellos góticos ultraconservadores de los que hablé antes. El conservatismo extremo y el fascismo no deben hacer parte de lo gótico jamás.
-Reivindicar el espíritu gótico por fuera de lo gótico: no quiero acusar de eurocentrismo a los miembros originales del movimiento, pero la fuerte influencia artística y literaria del romanticismo gótico europeo ha limitado a algunos a creer que son los rasgos de este romanticismo gótico los que definen el contenido artístico, creativo e incluso intelectual. Y no es así. Ejemplos como el gótico caribeño, que traslada la atmósfera lúgubre de los castillos medievales a casonas y haciendas, donde los fantasmas y las criaturas de terror provienen de conflictos históricos y políticos, demuestran que se puede encontrar y desarrollar un espíritu gótico más allá de los códigos artísticos tradicionales. ¿Y quién podría negar que la melodía del vallenato La miseria humana de Lizandro Meza, musicalización de un poema lúgubre de principios del siglo XX, transmite esa desesperación fascinante hacia la muerte y el destino que nos espera a todos?
Por lo mismo, es
importante no desdeñar el arraigo que tienen muchos góticos con la cultura y las
costumbres de donde surgen, así como aceptar que otros puedan encontrar elementos
filosóficos y artísticos de lo gótico en otras expresiones culturales y artísticas.
Podemos encontrarnos muchas sorpresas durante el camino gracias a esta visión
más universalista y ecléctica.
-Escapemos del castillo del vampiro (pun not intended): ya sé que esto suena irónico como el demonio, pero estoy citando la metáfora del conocido ensayo de Mark Fisher, pues sus críticas hacia el purismo y la señalización en sectores de la izquierda pueden aplicarse prácticamente a cualquier espacio cultural y social, y la comunidad gótica no está exenta de ello. Por supuesto, en estos casos se centra más en cosas como las ropas y accesorios que llevas o no, o la forma en que los consigues. Pero los criterios estéticos no pueden ser una soga para la diversidad de cuerpos y personalidades que hacen parte de la subcultura.
Y aunque es importante
cuestionar siempre la fast fashion, también es necesario comprender el
contexto de aquellos góticos que recurren a esto, sin condonarlo ni
despreciarlo, además de recordar que algunos negocios profesionales con ropa de
este estilo también hacen uso de fast fashion. Promover el DIY sigue
siendo necesario, pero se puede hacer sin necesidad de atacar a quienes no
fabrican sus propios estilos ni acusarlos de no pertenecer o no representar lo “realmente
gótico”.
-Las mujeres góticas no son tu fetiche: aunque la cosificación de las mujeres góticas viene principalmente desde fuera de la comunidad, también es importante denunciar cualquier tipo de machismo que ocurra entre nosotros, tanto de parte del idiota que se unió a foros góticos buscando ligar, como del gótico veterano que menosprecia a sus compañeras en la oscuridad. Y ojo: criticar la mercantilización sexual de la figura de la mujer gótica tampoco debe significar rechazar expresiones individuales relacionada con el erotismo o el BDSM, muy presentes entre góticos, sino separarlos de una interpretación de invitación a sexualizar y cosificar. Habiendo hablado hace poco acerca de este tema, es fundamental para combatir estas relaciones sexistas entre nosotros.
-Reforzar la comunidad: esto sin duda es lo más importante que debemos mantener. Y en lo personal es un jalón de orejas a mí mismo, pues casi siempre me mantengo alejado de comunidades y grupos, en parte por mi condición de neurodivergente, en parte por timidez, y en parte porque no tenía muchas formas de acceder a la comunidad mientras crecía. Hoy en día, no sólo hay un escenario gótico bastante destacado en Colombia, sino que también hay comunidad creciendo en diferentes regiones, y esto me parece un aspecto bastante positivo.
Por ello, es
fundamental establecer redes de contacto y apoyo entre diversas personas dentro
de la comunidad, pues esto contribuye no sólo a la colaboración y el desarrollo
de proyectos y celebraciones de nuestra identidad, sino también a que haya
lazos de solidaridad y hermandad entre nosotros, así cómo espacios de
crecimiento para quienes se sumen a futuro a la tribu. Los puntos anteriores
son el complemento necesario de esta recomendación para que la caverna pueda
seguir siendo cómoda para todos.
Conclusiones
Para quienes no conocen
mucho de la comunidad gótica y su escena, hay un montón de recomendaciones que
puedo hacer de creadores de contenido que me parecen bastante confiables e
interesantes, como Mariamne
(quien comparte muchas reflexiones sobre la moda alternativa y consejos tipo
DIY), La Goticosteña
(que ofrece un vistazo a ser gótica en el Caribe colombiano) y Lucyfer (enfocada en la
moda y la historia de la subcultura gótica). Si saben inglés, les recomiendo
también el canal de The Gothmother,
quien toca muchísimos temas en torno a la historia, el arte y la filosofía del
gótico, así como de otras cuestiones existenciales y prácticas.
Por ahora, procuraré
ser un poco más frecuente con temas relacionados a la comunidad gótica. No soy
precisamente un creador de contenido enfocado exclusivamente en ello, pero he
abarcado con efusividad otros aspectos de mis intereses, mi identidad y mis
afinidades. Y creo que ya es tiempo de darle a ese fragmento de mí el lugar que
le corresponde.
Feliz Halloween para todos, y larga vida al Goth.


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