martes, 12 de octubre de 2021

12 de Octubre: Itsári


Lluvia, dame la fuerza

Para llegar a otro día

Y a todo lo que quiero ver

¡Libéranos!

Fragmento de “Roots, Bloody Roots”, de Sepultura. En Roots (1996).


Hace varios años escribí una entrada que se hizo bastante popular, en el buen y mal sentido, sobre el llamado Día de la Raza, y que hoy prefiero llamar sólo 12 de octubre o, como lo denominan con más sensatez aquí en Chile, Encuentro de Dos Mundos. El núcleo de la entrada lo mantengo, pero sin duda cosas como el tono y el título son cosas que abordaría de forma menos insensible, como mencioné años después en otra entrada que hice contextualizando ciertas cosas. Sin embargo, aunque no me sienta del todo identificado con la forma en que escribí en ella, es una entrada que no voy a eliminar porque 1) como dije, el núcleo de la crítica, la exaltación de sólo una parte de nuestra historia, es algo que sostengo a día de hoy; 2) llevo un orden numérico de publicación que no voy a romper; y 3) no sería honesto de mi parte hacer de cuenta que nunca escribí algo así.

En fin, ese mea culpa que tal vez a algunos no les interesa, pero quizás le debía a otros, es para dejar clara mi posición con el tema del Descubrimiento: es malo pretender que los conquistadores vinieron con ramitas de olivo, pero es dramático pensar que todos los indígenas eran nobles salvajes, o que sólo tuvieron muerte y saqueo; el contacto pudo ser mucho menos cruento contra los amerindios, pero al final ocurrió de esta forma, y no nos queda más que reconocerlo y aceptarlo en ambas partes; y hay muchas poblaciones indígenas hoy en día que requieren de nuestro apoyo y reconocimiento, pero que a menudo son desconocidos tanto en los libros de texto con nuestra historia como por los mismos indigenistas. Teniendo en cuenta esto último, quiero hablar hoy de una historia que tal vez muchos no conocen, pero que creo refleja un mejor enfoque a la hora de aceptar nuestras raíces y el resultado de ese encuentro de diferentes culturas: el origen de Roots (“Raíces”).

Es poco probable que los lectores más empapados en la cultura rock latinoamericana no sepan quiénes son Sepultura, pero para aquellos que están alejados del tema, les comento que se trata de una de las bandas pioneras del sonido metal en Brasil. Quizás en décadas recientes han tenido menos respaldo de los más puristas en el público por su amplia experimentación musical, pero no se puede negar que Sepultura, fundada en Belo Horizonte en 1984 por los hermanos Max e Igor Cavalera, es una de las bandas más representativas de la escena latinoamericana en cuanto a metal se refiere, y cuenta con un amplio reconocimiento a nivel internacional.

Para 1995, Sepultura ya tenía cinco álbumes de estudio a su haber, desde el death y black metal de Morbid Visions, pasando por un período un poco más largo de estilo death/thrash, hasta llegar a Chaos A.D. (1993), el cual no sólo contenía un giro hacia el sonido groove por el cual son más conocidos en la escena, sino que además cuenta con un fuerte contenido social y político. Por otro lado, venían de una tensa relación con Epic Records, discográfica que se encargó de la distribución de Chaos A.D. en Estados Unidos, pero que prefirió prestarles atención a otras bandas de la esfera anglo –razón por la cual le dedican una crítica nada sutil en Roots, con la canción “Cut-Throat”-. Después de incluir tempos más lentos y ritmos con enfoque más latino en ese álbum, la banda quería seguir experimentando con su música, pero no encontraban una dirección concreta.

Entonces, en 1995 llegó la chispa. Tal como Max Cavalera contó en su autobiografía de 2014, My Bloody Roots, el concepto de su sexto álbum nació mientras veía Jugando en los campos del Señor, una película protagonizada por Tom Berenger y John Lithgow que narra el conflicto entre misioneros, mercenarios y autoridades corruptas en torno a una porción de selva amazónica que es territorio de una tribu indígena. La película es más bien pesimista, pero la escena que marcó a Max fue una en donde uno de los mercenarios (Tom Berenger) contratados para bombardear la aldea y alejar a los nativos, tras contemplarlos desde su avión, se lanza en paracaídas y, teniendo ascendencia Cheyenne, se une a su causa para defender su tierra.

Relata Max que, después de ver el video, sintió el impulso de entrar en contacto con las tribus indígenas en Brasil para su próximo concepto musical, y tras concertar el concepto de su siguiente trabajo con la banda pidieron ayuda a Roadrunner Records para que les facilitara contactar con alguna tribu indígena del país. En ese tiempo, la banda apenas tenía conocimiento de los pueblos indígenas de Brasil, por lo cual Max se sorprendió cuando, tras hacer contacto con Angela Pappiani, la entonces coordinadora de comunicaciones del Núcleo de Cultura Indígena de Brasil, descubrió no sólo que existen cientos de pueblos nativos, incluyendo muchas tribus no contactadas, en el interior del país, sino que además las amenazas vistas en aquella película, el despojo de tierras por conflictos con terratenientes, industriales y políticas del gobierno, son más que reales incluso hasta nuestros días.

Tal como es narrado en este increíble artículo del vigésimo aniversario de Roots, Cavalera pidió a Pappiani que les ayudara a trabajar con alguna de las tribus más hostiles a la presencia de los “civilizados” en Brasil, pero, dado que eso no habría sido una buena idea para ninguna de las dos partes, Pappiani le hizo una mejor recomendación: ir con los xavantes. Se trata de un grupo étnico del Mato Grosso, uno de los más conocidos en todo el Brasil, y que además fueron el foco de una controversial instrumentalización política en décadas anteriores, en especial por las campañas “pacificadoras” de Getúlio Vargas en los años 40 durante la expansión al interior del oeste brasileño, hechos publicitados y celebrados por décadas en el Gobierno, pero que la generación de los miembros de Sepultura desconocía.

Hay que hacer una pausa aquí, porque si hay algo importante que comentar sobre los xavantes y su cultura es el significado de la música. Como explicaba Laura Graham, profesora de antropología de la Universidad de Iowa, para los xavantes la música es un medio fundamental para trascender a otros reinos y distintas culturas, por lo cual están bastante interesados en transmitir su música y los conocimientos forjados en ella con distintos pueblos alrededor del mundo, y suelen pedirle a sus visitantes que les canten alguna canción: en su concepción del mundo, su música es una contribución, una forma de conectar al resto de la humanidad. Es por esto que Pappiani había conseguido trabajar con ellos un tiempo atrás para producir un álbum de cantos tradicionales en 1994, Etenheritipá (el cual pueden escuchar aquí), así que tenía experiencia con la comunidad, y vio que la idea de Sepultura podía dar lugar a una interacción formidable.

Convencidos, los cuatro miembros de Sepultura tomaron vuelo junto con unas pocas personas más, incluidos su productor Ross Robinson y la misma Pappiani, y realizaron una visita de tres días al Territorio Indígena Pimentel Barbosa, hogar de los xavantes. Aunque los hermanos Cavalera, el guitarrista Andreas Kisser y el bajista Paulo Pinto Jr., tenían la inquietud de ser recibidos como paternalistas y condescendientes (algo comprensible, en todo caso), de que la comunidad no entendiera bien lo que ellos buscaban, o que la música de la banda no fuera de su agrado, lo cierto es que los xavantes fueron bastante cálidos con ellos, pues además del interés por su música empatizaban, por experiencia propia, con la historia de discriminación que habían sufrido por ser parte de la escena metal –recordemos, eran los 90, y en Latinoamérica aún era muy fuertes los prejuicios contra los metaleros-. Así, el entonces líder de la comunidad xavante, Cipassé, aceptó la colaboración con Sepultura, ambos usando la música del otro para transmitir su mensaje, con la condición que no se alterara ni sintetizara ninguna de las grabaciones que registraran la música de su pueblo.

Tras regresar del viaje, Sepultura se encontró con una cantidad de material que les costó organizar para obtener el enfoque deseado. Por otro lado, agregaron también elementos de la entonces creciente escena del nu metal, sonidos ambientales registrados en Pimentel Barbosa, y contaron con la ayuda del famoso Carlinhos Brown, cantante y percusionista brasileño, en la grabación y unión de sonidos de percusión combinados en varias de sus canciones, para agregar ese toque folclórico tan presente en el álbum, gracias a instrumentos empleados en la música afrobrasileña como el birimbao (un arco musical con caja de resonancia) y el timbau (tambor cónico propio de la samba y el axé). La banda también contó con la participación de Jonathan Davis y David Silveria (vocalista y baterista de Korn, respectivamente), Mike Patton (vocalista de Faith No More), DJ Lethal (turntablist de Limp Bizkit) y el mismo Brown en algunas de sus canciones.

El resultado de los meses de trabajo fue un álbum que destaca la herencia multicultural y la complejidad histórica y social del Brasil a través de varias de sus canciones. Roots abre con la voz gutural de Max Cavalera, envuelta en ritmos de percusión, en “Roots, Bloody Roots”, una canción con letras de orgullo manifiesto, de creer en la herencia, de donde venimos. La esencia de la cultura brasilera y su historia sigue siendo exaltada en otras canciones: “Ratamahatta”, por ejemplo, la más tribal del álbum, destaca la vida en las clásicas favelas mientras alude a íconos populares del país como Zé do Caixao (personaje de películas de terror creado por el director José Mojica Marins), Zumbi dos Palmares (último líder de los esclavos negros fugitivos del Quilombo dos Palmares) y Lampiao (el más famoso de los líderes rebeldes cangaceiros a inicios del siglo XX); “Itsári” (“Raíces”, en xavante) nos obsequia un canto xavante de sanación, Datsi Wawere, con un arreglo acústico superpuesto de cuerdas y percusión; “Ambush” es un homenaje a Chico Mendes, activista ambiental asesinado en 1988 por luchar contra la deforestación de la selva amazónica; finalmente, “Dictatorshit” referencia al golpe de Estado de 1964 en Brasil, el cual dio lugar a la dictadura militar que se extendió hasta 1985, y es una canción que conecta con las duras críticas a los regímenes opresores de sus anteriores trabajos.

Otras canciones son un poco más introspectivas, más relacionadas con las experiencias de los miembros de Sepultura al hacer parte de los marginados sociales por su estilo particular (“Born Stubborn”), sensaciones de odio y furia (“Straighthate”, “Spit”), mantener la determinación y seguir la propia voluntad (“Attitude”, “Lookaway”), su ya mencionado problema con Epic (“Cut-Throat”) y el riesgo que representa la destrucción del medio ambiente para nuestra supervivencia (“Endangered Species”). En general, Roots sabe condensar los elementos más pesados de las primeras etapas de Sepultura con los ritmos e influencias folclóricas, una obra ecléctica y musicalmente multicultural y fantástica, aunque por lo visto algo subvalorada entre los más puristas de la escena metal -sólo revisen las críticas en este enlace de Metallum, la mayor enciclopedia digital de música metal-.

El rostro de esta portada, diseñada por el artista Michael Whelan, es un indígena karajá tomado de un billete del antiguo cruzeiro brasilero, el cual pueden ver en este enlace

Incluso en los tres videos musicales creados para los sencillos lanzados, “Roots, Bloody Roots”, “Ratamahatta” y “Attitude”, la banda se esforzó en mantener el concepto que buscaban transmitir en su álbum. En el primero se ocupan de mostrar diferentes elementos culturales como percusionistas africanos, iglesias cristianas y capoeristas, mientras Max Calavera recorre las calles de Salvador (Bahía), otrora centro de tráfico de esclavos. Es él quien inicia “Attitude” con el sonido del birimbao abriendo paso a los protagonistas, la reconocida familia Gracie, practicantes de jiu-jitsu quienes desarrollaron su propio sistema de defensa en esta arte marcial. Finalmente, el video de “Ratamahatta” es un sombrío e inquietante stop-motion, donde espíritus enmascarados recorren las calles de un tugurio, pasando de ofrendas extrañas y elementos sincréticos, hasta cerrar con un bandolero sorprendido y un borracho recostado en la calle, echándose impávido un trago como si pensara “eh, noche casual en la favela”.

Escena del video de “Ratamahatta”.

Sería comprensible que en estos tiempos donde nos preocupamos por conceptos a veces mal empleados como la apropiación cultural, veamos con ojos suspicaces la presencia de Sepultura en el territorio xavante. No los culpo, porque son muchos los artistas que se acercan de forma más condescendiente que interesada a otros pueblos, pero como explicó el sociólogo Keith Hahn-Harris, la colaboración entre la banda y los xavantes fue más allá de sólo querer “exotizar” su música, sino de aprender genuinamente de los pueblos nativos y su enfoque hacia la música; y como se dijo antes, tanto ellos como los xavantes estaban conscientes de que buscaban lo mismo, conectarse con el resto del mundo a través de sus melodías. La única posible queja de acuerdo con Laura Graham, es que, si bien Sepultura ayudó a que los xavantes fueran más reconocidos dentro y fuera de Brasil, quizás habría sido aún más provechoso que se le dotara de contexto a su interacción con ellos.

Por desgracia, este fue el último trabajo de Sepultura del que Max Cavalera hizo parte. Diferencias por temas de administración, sumado al fallecimiento de su hijastro en un accidente, lo llevaron a distanciarse de la banda a finales de 1996 y continuar con su propio proyecto, Soulfly. Sepultura continuó con la unión de Derrick Green como vocalista y han seguido publicando trabajos hasta hoy, aun cuando en 2006 Igor Cavalera, el baterista, dejó también la banda tras reconciliarse con su hermano y formar Cavalera Conspiracy. A pesar de los cambios en su estilo, ambas bandas cuentan aún hoy en día con un respeto notable.

¿Y por qué relatar todo esto en el Día de la Diversidad Étnica y Cultural (creo que es así como se llama ahora en Colombia)? Porque en tiempos donde al europeo se le sataniza, al indígena se le menosprecia y al negro se le ignora, creo que hay cosas que aprender de ello, sobre todo el tema de aceptar y reconocer las raíces bajo nosotros, de dónde surgimos. El Descubrimiento (o el Encuentro de Dos Mundos, si lo prefieren así) y la subsecuente colonización fue un acontecimiento que trascendió barreras a todo nivel en la Historia, y sin duda es uno de los más cruentos y debatidos dentro de la misma, pero lo que nos queda es reconocerlo sin idealizarlo ni despreciarlo, y entender que fue lo que moldeó la cultura que hoy tenemos en América Latina, no sólo a nivel de nuestra diversidad y riqueza idiosoncrática, sino también las problemáticas que varios grupos sociales enfrentan en nuestros días. Queda en nosotros, pues, enfocarnos en cambiar ese horizonte aún incierto para millones de habitantes del continente.

Y por supuesto, si son de escuchar metal o de experimental música de otros géneros, denle una oportunidad a Roots.

Adenda: en otra de sus clásicas muestras de insensatez e hipocresía, el partido español Vox publicó un trino celebrando el 12 de octubre, diciendo que España no tiene “nada de lo que arrepentirse”, y refiriéndose a la Hispanidad como “la mayor obra de hermanamiento” de la Historia. Lo que es gracioso, porque muy hermanados no suelen estar Vox con los extranjeros en su país, ni siquiera cuando hablan su español.

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