martes, 5 de enero de 2021

Sobre Soul y el cine infantil: ¡dejemos de subestimar a los niños!

 Advertencia: la siguiente entrada contiene spoilers de Soul, la reciente película de Disney y Pixar. Si decide continuar leyendo, lo hace bajo su responsabilidad.

Para iniciar este nuevo año, decidí ver Soul, la más reciente película animada de Disney y Pixar, con el fin de ponerme a tono con cierto artículo que leí hace poco. Hace mucho que no sigo las producciones animadas de la casa del ratón, y he sido reacio a pagar una cuenta en Disney +, porque detesto la forma en que el estudio ha monopolizado la industria audiovisual durante los últimos años, pero me las arreglé con Soul. Y la verdad valió la pena: la película es visualmente hermosa, con una animación increíble y una historia sencilla pero muy buena sobre cómo no obsesionarse con los sueños y propósitos, y atesorar incluso los momentos más pequeños de la vida; además, adoré la forma en que presentan conceptos filosóficos y metafísicos como el alma, el origen la personalidad, el destino y la prexistencia. Para mí, la pequeña escena de la barbería es quizás el momento donde el mensaje de la historia resuena con más fuerza, pues brinda el contexto que enmarca la segunda mitad de la película. Mi yo crítico odia con pasión las acciones corporativas de Disney, pero mi yo friki adora lo que me está entregando.

Como suele pasar, no todos han visto con buenos ojos esta película. Hace unos días, los primeros en quejarse fueron –oh, sorpresa- los evangélicos latinoamericanos, calificando esta película como satánica porque presenta un plano espiritual sin Dios –el Gran Después tiene visos de ser una especie de consciencia universal-, donde las almas decidimos lo que somos, sin la intervención del Creador. Aunque, ese meme tiene detalles tan dramáticos que bien podría haber sido hecho por alguna burlándose de sus predecibles reacciones, pero como los evangélicos son tan propensos a llamar “satánico” a todo lo que los asusta o confunde que no sorprendería que fuera real, y se caricaturizan tanto a sí mismos con ello que ya nadie los toma en serio, no me detendré en desmenuzar ese meme.

Un par de días antes de Año Nuevo, el medio español El País publicó una crítica de Begoña Gómez Urzaiz, en la cual lamenta que con películas como Soul, Disney y Pixar han olvidado por completo a su público infantil, vertiendo interrogantes (supuestamente) complejas para un niño. Gómez Urzaiz comenta en un tono un tanto cursi que se sentía preparada para explicarle temas complejos a sus hijos hasta que se topó con Soul, de la cual asegura que esperaba y fuera “el filme jazzero de Pixar” (cosa que me hace pensar que sólo la miró sin ver, pero volvamos más adelante a ello), y que los temas metafísicos que presenta y la poca comedia slapstick para niños (otro problema sobre el que volveré) hacen que no sea una película con la cual los espectadores más pequeños conecten, e incluso ella se sintió “un poco agobiada por el Gran Más Allá y el Gran Antes”. Termina afirmando que una película más centrada en el conflicto humano habría sido un buen enfoque, “pero sería desde luego muy poco Pixar. Y generaría preguntas un tanto más fáciles de responder”.

El tono general que manejó la columna, y que de hecho la mayoría de lectores en Twitter que pude ver identificaron, aparte de una evidente negligencia a tener que explicarles temas complicados a los niños, es uno que hace tiempo se volvió molesto: tratar a los niños como espectadores subdotados mentalmente, que no son capaces de procesar mensajes muy difíciles. Y esa es una visión condescendiente que está equivocada de varias formas.

En primer lugar, centrar la opinión en Disney, como si fuera la única compañía que produce animación, es un argumento muy perezoso. Existen muchas otras empresas de animación orientada al público infantil como Dreamworks, Blue Sky Studios, Illumination, Sony Pictures. Y aun si muchas de sus producciones no llegan a los puntos de calidad que la dupla del ratón ha conseguido –aunque en lo personal, las sagas de Kung Fu Panda y Cómo entrenar a tu dragón superan casi todo lo que Disney y Pixar pueden ofrecer-, y de hecho algunas tienen obras que siguen a su vez la fórmula de integrar mensajes para los niños y temas para los adultos (cosa que mencionaré en el siguiente párrafo), lo cierto es que también tienen películas con mensajes sencillos y el suficiente “humor” que la señora espera sea atractivo para los niños. Sin intención de humillar, siempre hay opciones como La Era de Hielo, Hotel Transilvania, Mi villano favorito o Madagascar, que manejan temas sencillos para los niños, así como mensajes que los padres pueden apreciar y que los niños pueden también comprender sin mucha dificultad.

En segundo lugar, las películas infantiles llevan décadas incluyendo temas duros o escenas y tonos “oscuros” en sus historias, lo que no es extraño, pues muchos cuentos infantiles clásicos también parten de historias más densas o con finales menos sacarinos. De hecho, entre los notables errores en la columna de Gómez Urzaiz están el atribuir la creación de la fórmula de dos planos de narración –uno para niños, otro para adultos- en una misma película a Disney (no: de hecho, Don Bluth y Studio Ghibli ya lo estaban haciendo desde inicios de los 80, y fueron ellos los que influenciaron el Renacimiento de Disney), afirmar que esto inició con el Renacimiento (tampoco: El caldero mágico fue el primer filme de Disney en recibir una clasificación PG en 1985), y mencionar un argumento ajeno sobre el cual, desde Up (una película más bien mediocre, más allá de su hermosa secuencia inicial) la muerte ha sido el eje principal de las historias de Pixar –de nuevo, parece que el único estudio al que alude es al ratón-, cosa que por supuesto tampoco es cierta, pues 1): ese ni siquiera es el eje de la historia de Up; 2): otras películas anteriores de Pixar (Buscando a Nemo, Los Increíbles, Ratatouille e incluso WALL-E) tenían alusiones a la muerte; y 3): en el período de tiempo entre esta y Soul (2009-2020), sólo Coco tiene dicho tema como un eje importante de su historia. Pero vamos con esas otras historias profundas.

The Secret of NIMH, conocida en Hispanoamérica como La ratoncita valiente, ya era una película “oscura” para los niños, y aun así conectaba con ellos. Y es de 1982.

Si pensamos en películas infantiles con mensajes densos, Bichos presentaba un enfoque épico donde una población oprimida (las hormigas) descubre que la unión hace la fuerza más allá de sus labores diarias, y decide levantarse en contra de una minoría invasora (los saltamontes), al punto que muchos han visto esta película como una historia socialista -considerando que fue producida por Disney, eso es dudoso al menos-. Mensajes sobre la superación, la búsqueda de identidad y el desarrollo personal ya son bastante profundos, y películas como Kung Fu Panda y Cómo entrenar a tu dragón saben transmitirlo muy bien a los pequeños. Las películas de Studio Ghibli son muy apreciadas por quienes las vieron de niños, no sólo por su aspecto artístico sino también por sus fuertes personajes femeninos y su exploración matizada de temas ambientales, bélicos, sociales e incluso psicológicos. ParaNorman usa su escenario fantástico/terrorífico para transmitir un mensaje precioso en contra de la discriminación y la persecución de aquellos que son diferentes, y Kubo y la búsqueda del samurái nos cuenta también una historia sobre la muerte y el valor de atesorar las historias y recuerdos de los seres queridos, la cual se pone fácilmente al tú con tú con la aclamadísima Coco. Mensajes profundos, sí, pero no por ello inaccesibles a los más pequeños: son historias que les hablan con un tono suave y aun así firme sobre estos temas tan complicados, en un lenguaje que ellos puedan entender.

Ya que hablo sobre la comprensión infantil, en tercer lugar, está mi mayor problema no sólo con la columna en El País sino también con esa tendencia actual: el asumir que hay temas que no se pueden compartir a los niños, porque ni somos capaces de explicárselos ni ellos tienen la capacidad intelectual de comprenderlos. Es una grosera subestimación de los espectadores más pequeños, y por supuesto un error gordísimo de padres y críticos de ficción infantil, pues tanto lo primero como lo segundo es posible.

Como expliqué en el primer caso, las historias infantiles pueden transmitir mensajes duros como la muerte, la búsqueda de identidad e incluso la depresión, en un lenguaje accesible para el público más pequeño. Ya mencioné a ParaNorman y Kubo con sus mensajes sobre la muerte, el duelo y la discriminación, pero si por ejemplo queremos voltear hacia Disney y Pixar, por seguir la línea discursiva de González Urzaiz, escenas de muerte ya aparecían en Pocahontas y El Rey León, y películas como Buscando a Nemo y Los Increíbles tocaron este tema de una forma suave y directa a los niños. El gigante de hierro, de Warner Bros., es una de las mejores películas animadas que existen, y explora temas como la naturaleza de la humanidad y la libertad, siendo además una metáfora del duelo y la superación tras la muerte de un ser querido, a través de la historia de un robot gigante proveniente del espacio, que fue construido como un arma, pero al entablar amistad con un niño aprende poco a poco sobre los temas mencionados. Es de esperar que una película infantil se atreva a presentar mensajes profundos, pues explicarlos de forma que pueda ser comprendido por un estudiante, dependiendo de su edad, es fundamental en el ejercicio pedagógico, y es una base de la educación moderna. ¿De qué servirían las escuelas si asumiéramos de antemano que hay temas que un niño no está listo para entender?

Es cierto que un niño tiene una capacidad de comprensión más limitada y directa que la de un adulto, pues la asimilación de conceptos abstractos se desarrolla más tarde, y por lo tanto los mensajes implícitos o bromas sarcásticas detrás de una historia pueden ser fáciles de ignorar para ellos, en especial cuando se basan en un contexto que no reconocen (un ejemplo sería la broma en Shrek sobre si el tamaño de las torres en el castillo de Lord Farquaad era para “compensar por algo”: hay dos formas de entender el chiste, pero –por fortuna- los niños sólo apreciarán el contexto de la estatura). Sin embargo, los niños no son tontos, y llenar la película con bromas slapstick y colores vibrantes no va a hacer que tu historia sea más exitosa entre el público infantil si no contienes un mensaje que conecte bien con ellos: por eso The Emoji Movie aburrió hasta a los más pequeños. De hecho, cuando Disney quiso replicar el estilo sarcástico de Dreamworks sin entender bien este aspecto ni respetar su propia identidad, se enfrentaron a una serie de fracasos críticos y comerciales durante la década del 2000, antes de que La princesa y el sapo y Enredados les permitieran marcar un rumbo propio.

Hay que admitir que Soul es una película más densa de lo usual, incluso para un trabajo de Pixar. Pero hay una razón por la cual estas películas son clasificadas como PG (Público General): porque contiene mensajes que los padres pueden usar para enseñarle valiosas lecciones a sus hijos, quienes puede que no los capten con facilidad a la primera. Y no hablo de la prexistencia y el más allá, que temas son más bien herramientas para contar la historia tanto como el aspecto visual, sino del mensaje sobre apreciar los momentos pequeños en la vida, no obsesionarse con transformar los sueños y un propósito autoimpuesto en el único foco de la vida y, por ello –y creo que es la enseñanza más importante en Soul-, que el no alcanzar las metas que nos proponemos no significa que nuestra vida sea un fracaso. Este es un mensaje valiosísimo que se necesita desde nuestra temprana infancia, y que González Urzaiz no lo mencione ni una vez a pesar de llamarse a sí misma “plana y costumbrista” me dice que miró la película, pero no la vio de verdad.

Es por la conversación entre “Joe” (en realidad 22 en su cuerpo) y Dez, quien no pudo estudiar veterinaria, pero está cómodo con su actual profesión, que para mí que la escena de la barbería es lo mejor de toda la película.

Decir que es un mensaje que los niños también pueden apreciar no es exagerado: Pixar no coloca esta clase de temas sólo para la audiencia madura. Intensa-mente, una de las películas citadas por González Urzaiz, presenta el tema de la depresión y la angustia ante los cambios drásticos no para los padres, sino para los niños (sí: la depresión infantil existe), algo que a mi yo de la primaria, que tuvo que vivir cuatro años alejado de mis padres por causa de los estudios, y a mi yo en general, que ha experimentado muchas agónicas mudanzas junto a su familia por no tener un techo propio, habría agradecido enormemente (eso sin mencionar que soy paciente de salud mental desde los once años). Y no hace falta que explique más sobre la importancia de los mensajes de Coco y Kubo. En cuanto a Soul, el desarrollo de una personalidad fuerte en la infancia se vería muy bien apoyado al explicarles a los niños el cómo enfrentar los fracasos, el saber administrar su tiempo entre el estudio y los placeres (para niños autistas, desarrollar una mente flexible en sus intereses también sería valioso) y, sobre todo, a no sentirse mal por no alcanzar lo que se proponen.

Puede que conseguir una meta tome diez, veinte años, o que nunca ocurra, pero el valor del ser humano está en su capacidad de adaptarse y sobrepasar esas circunstancias difíciles, tal como Dez le explica a 22 –e indirectamente a Joe, quien está atrapado en el cuerpo de un gato- al relatar su propia historia. Y eso es justo lo que necesitamos aprender desde temprano. En ese mensaje se basa el desarrollo de Joe, cuando al tener la oportunidad de tocar en un cuarteto de jazz se da cuenta que “esperaba algo diferente”, y entre las palabras de la artista Dorothea Williams y uno de los Jerrys se da cuenta que estuvo toda su vida creyendo que su sueño era lo único que definía su vida, cuando en realidad eso dependía de sí mismo y de experimentar la vida tal como llega.

Por supuesto no soy un padre, y por varias razones no creo que llegue a serlo. Tampoco soy pedagogo, así que es obvio que tal vez esté ignorando algunas cosas sobre la crianza infantil, y al menos recuerdo que hubo cosas que yo aprendí más que ser enseñadas por mis padres. Sin embargo, sé que al menos las herramientas para transmitir mensajes difíciles a los niños existen desde hace tiempo, y subestimarlas a ellas y a la población objetivo porque te intimida tener que explicar temas duros a tus hijos no es una forma honesta de abordar el problema percibido.

Y con esto termino. Si tienen la oportunidad, les recomiendo que vean Soul: es de verdad una película muy buena, con un gran mensaje que es necesario, en especial en tiempos donde muchos pasamos por conflictos internos sobre ser productivos o cumplir nuestros sueños. No está mal tener metas, pero jamás debemos olvidar aprovechar los momentos de felicidad que llegan a nuestras manos, pues sólo entonces estaremos viviendo de verdad.

2 comentarios:

  1. Grrr. Tendre que ver esa pelicula para poder leer este texto.

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    1. Respondo súper tarde, pero espero que la hayas visto: no tiene pierde.

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