martes, 30 de enero de 2018

Nacionalismo inútil (XXII): sobre los venezolanos en Colombia

Para darle un contexto a los lectores, en este momento llevo prácticamente un mes en Colombia, y aunque todavía no he podido viajar a los lugares que quiero (no tanto por el dinero, sino porque manejar el tiempo con las personas cercanas es siempre complicado), he tenido buenas experiencias. Y por supuesto, he aprovechado este tiempo para dar un vistazo directo a una situación que cada vez se hace más tensa: los inmigrantes venezolanos que han llegado a Colombia huyendo de la crisis económica y sociopolítica de su país.


No ha sido sólo lo que he visto durante este mes, sino también lo que he conversado durante meses con mi familia a través de Internet, y lo que ya había visto antes de viajar a Chile. Ha sido un proceso largo y continuo, por lo cual se ha podido detallar no solamente la reacción de los colombianos al respecto, sino también la condición de muchos venezolanos, y la manipulación política que nunca falta.

Hay mucha xenofobia en Colombia contra los venezolanos. Probablemente eso no sea una sorpresa. Por supuesto, no todos los colombianos son xenófobos, pero desafortunadamente hay una porción muy vocal de la población que ve con descontento e incluso desprecio la migración venezolana, pues la ven como una amenaza para su trabajo, su seguridad e incluso como un acto de hipocresía (en la Costa, por ejemplo, ha habido conflictos entre las prostitutas colombianas y las venezolanas por la menor tarifa de las segundas). Esto último se debe por supuesto a que entre la gente que abandona el país se encuentran tanto opositores como chavistas arrepentidos y chavistas que aún creen en el gobierno que los tiene arruinados y pasando hambre, y estos últimos por lo menos son vistos como descarados. Incluso no falta el que los acusa de salir de Venezuela para hacer valer su dinero ahorrado fuera del país. Es probable que esto sea verdad, pero eso no es ilegítimo, ni creo que tan inmoral como para rechazar al resto de los venezolanos.

Eso sí, los chavistas que aún defienden el régimen de Maduro son hipócritas o al menos increíblemente descarados. Si tanta fe tienen en que el gobierno chavista puede resolver la crisis en la que actualmente se encuentran, bien deberían mantenerse dentro de su territorio y ayudar a esa solución, ¿no?

Por supuesto, también hay muchos chavistas colombianos que acusan de cobardes a todos los venezolanos que están saliendo del país (vimos una reacción similar en Chile el año pasado), y por eso prefieren no recibirlos (vi a un idiota que no sé si sea chavista o no, pero dijo expresamente ser xenófobo). A chavistas y otros colombianos que hablen así les digo: ustedes son los que menos deberían atreverse a opinar, pues ni viven en Venezuela, ni les constan las razones por las que la población está abandonado el país. Y no sean hipócritas, que si Colombia estuviera en una situación económica tan grave, ustedes serían los primeros en salir de aquí. ¿O ustedes se quedarían a luchar por un país donde tienen que esperar horas en una cola sin estar seguro de conseguir los alimentos, donde los medicamentos son escasísimos, donde en cualquier momento un imbécil le puede dar un tiro para robarle, y donde ya ni siquiera se puede confiar en la protesta, pues no hay garantía de que su gobierno no le dispare por cuestionarlo o tan siquiera pedir comida?

En cuanto al riesgo de perder el trabajo, ¿dónde se supone que están viviendo? La competencia de empleo no es ni algo nuevo ni exclusivo de los venezolanos. Pretender ahora que son los extranjeros los que les están robando los puestos es sumamente hipócrita; sí, ahora la competencia se estará incrementando, pero demuestre su valor como empleado con su profesionalismo, que probablemente así no se siente amenazado. Y no olvidemos que en los años noventa fueron los venezolanos los que recibieron a muchos colombianos cuando la inseguridad y la violencia estaban en su peor momento (en 2013 éramos el país suramericano con mayor número de emigrantes). Nosotros también, seguramente, les “robamos su trabajo”. ¿Vamos entonces a actuar como miserables desagradecidos? No entiendo cómo diablos hablan algunos de estos mismos xenófobos sobre la calidez de los colombianos.

Muchos venezolanos están regalando su trabajo. En realidad, muchos de los inmigrantes venezolanos están tomando trabajos que no requieren mucha calificación, se ubican como vendedores informales y no pocos recurren prácticamente a la mendicidad. Es triste, porque al menos algunos de ellos afirman tener profesiones bien calificadas, pero no es como que a todos les puedan dar trabajo en su área de experticia -que sea verdad o no lo que todos afirman, ya es otro asunto-.

Eso ha generado una situación curiosa. Cuando alguien se sube a un bus a vender dulces, usualmente tiene un precio fijo para el producto que ofrece. Todos nos conocemos de memoria el mismo discurso: “Buenas tardes, damas y caballeros, disculpen si vengo a robarles unos minutos de su tiempo”, “Uno le vale 100, tres le valen 200; para su mayor economía, lleve los seis en 500”, y cosas por el estilo. Sin embargo, y por lo menos por lo que yo he visto en Santa Marta, la mayoría de los venezolanos que suben a los buses a vender dulces no dan un precio, sino que piden “lo que les nazca del corazón” por la venta de su producto. Eso es triste… y dañino a largo plazo.

Un ejemplo de su producto: una pequeña revista de sopa de letras y sudoku que debe costar al menos 500 pesos colombianos... y la ofrecen sin precio fijo (P.D.: el sudoku lo está llenando mi hermana. Yo no soy ni de lejos tan bueno para esas cosas).

Algo que entre biólogos nos discutimos con frecuencia es cuando uno se ofrece a hacer talleres, tareas o informes para otros a un precio económico. Por bien intencionado o considerado que pueda ser, la verdad es que es un hábito malo para todos, ya que al cobrar menos de lo que realmente vale su trabajo, lo que hace es que al resto nos exijan cobrar menos por el nuestro, y en general termina devaluándose nuestra labor y dificultando nuestra posibilidad de conseguir trabajo. Sí, suena un poco conspiranoico, pero es real.

Y lo que ocurre con estos venezolanos, además, es que los trabajos que conseguirán muchas veces serán de menor remuneración, ya que han estado trabajando por poco desde que llegaron, y el colombiano es muy dado a recudir costos ante la menor oportunidad, por lo que no es infrecuente pagar miserias laborales por ahorrarse unos pesos. Sin mencionar que los que sí consiguen puestos profesionales con todos los requisitos legales también tienden a recibir una paga menor, y muchos se conforman con ello. Eso no beneficia a ningún obrero, sea nativo o inmigrante.

Y eso sin comentar sobre los venezolanos que ya están siendo dañinos. Obviamente entre los miles de inmigrantes habrá delincuentes, pero también hay conflicto con aquellos que ocupan zonas públicas con cambuches, y ya han tenido roces violentos con la Policía y los vecinos (como lo ocurrido hace unas semanas en Cúcuta). Eso hace aún más difícil su integración dentro de la población colombiana, pues no hace más que alimentar la xenofobia. Seamos directos: ocupar espacios públicos como vivienda, contaminarlos y entorpecer su uso por parte de las demás personas es ilegal, por más que se traten de refugiados. A su vez, es síntoma de la incapacidad del Estado y los gobiernos locales para manejar la crisis desmesurada (no se ilusionen, que los problemas en ciudades y departamentos fronterizos son mucho más antiguos que la crisis venezolana. La migración sólo generó la ya esperada metástasis).

A estos venezolanos, los que no están cobrando lo justo por su trabajo, les digo: comprendo que vienen de una crisis económica y social terrible. Cualquier pago parece lo requerido, lo necesario, especialmente cuando la moneda de su país está tan devaluada. Sin embargo, yo les recomiendo que tengan conciencia con su labor. Ténganse respeto, y cobren lo que realmente vale su trabajo, no sólo por ustedes, sino por el resto de trabajadores en el país. Eso sería una competencia mucho más justa.

Uso político de una crisis trágica. Como siempre, la crisis venezolana y la migración hacia nuestro país se ha convertido en uno de los caballitos de batalla favoritos de los políticos, tanto en Venezuela como en Colombia. Si el lector sigue esta serie, recordará que en la última entrada me refería a la polémica que se formó cuando Vargas Lleras discriminó a los venezolanos en una entrega de casas gratuitas. El vice simplemente continuaba haciendo los pinitos para acumular capital votante al presentarse como una opción que protege los intereses económicos del pueblo, ante la tibia respuesta de Santos. Y por supuesto, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello no perdieron la oportunidad para decir que en Colombia había maltrato y discriminación contra los venezolanos (lo que hoy en día ya no está muy alejado de la realidad).

Las cosas continúan igual. La repugnante derecha del mal llamado Centro Democrático y el ex procurador Alejandro Ordóñez usa la crisis venezolana para mantener la consigna de que el castrochavismo está poniendo en peligro al país. Marta Lucía Ramírez ha sido muy criticada en los últimos días por haber viajado a Venezuela y usar los estantes vacíos como forma de hacer campaña. ¿No debería estar tratando de llegar a los pobres colombianos, que son los que realmente le podrían dar votos?

Ah, claro, que es más fácil aterrarlos con la crisis económica que ofrecer soluciones serias a la desigualdad…

Mientras tanto, del otro lado del espectro, a Petro nadie le cree su rechazo a la dictadura chavista en Venezuela, cuando hasta hace unos meses defendía la “libre autodeterminación de los pueblos” para evitar una condena directa a las elecciones de la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente en el vecino país. Y de Piedad Córdoba y las FARC ni hablar (aunque Rodrigo Londoño dice haber aprendido de los errores del modelo castrochavista).

Y no es que en Venezuela todo marche bonito y sobre ruedas. Maduro usa toda clase de pretextos para minimizar la crisis (que ya no negarla): que fracasó el capitalismo, que hay conspiraciones desde Colombia y Estados Unidos para derrocarlo, que son estos países los que han fabricado la crisis, que en Venezuela hay cinco millones de colombianos (una mentira sonora: hay unos cuatro millones de emigrantes en el mundo, y en Venezuela ahora mismo ni llegan a los 800 mil), y lo más irreal de todo: ¡que los colombianos están pasando a Venezuela para conseguir medicamentos! No sorprende que el presidente Santos le recriminara que use a los colombianos “para tapas las falencias de su revolución fracasada”. Siempre es más fácil culpar a agentes externos de las crisis de un país para recuperar votos y apoyo popular. La gente marchará feliz a las urnas para seguir comiendo basura, sin cuestionarse jamás si lo que le dicen es cierto.

-O-

La verdad no estoy seguro de cómo terminar esta entrada. Es un tema complejo, y aunque trato de ver todas las aristas del caso, estoy seguro que hay cosas que se me escapan. Desafortunadamente, no parece que haya una solución rápida al asunto. En Colombia, se empieza a recrudecer la xenofobia, y no ayuda que todos los inmigrantes sean tomados como ejemplo del “castrochavismo”. En Venezuela, la victoria aplastante del chavismo en las elecciones regionales del año pasado y los conflictos intestinos de la oposición le dieron a Maduro el oxígeno necesario para mantener su moribunda revolución, y no parece muy probable su derrota en las adelantadas elecciones presidenciales, además que ayuda a mantener el discurso de los estúpidos que creen que hay democracia sólo porque la gente puede votar. No queda más que tratar de ser solitarios con los vecinos que necesitan nuestra ayuda en estos momentos.

Adenda 1: los recientes atentados en Barranquilla y Santa Rosa de Bolívar nos permitieron nuevamente ver la bajeza moral de muchos políticos. A estas alturas no sorprende que Uribe, Cabal y Vargas Lleras usen la muerte de los policías como una crítica contra el acuerdo con las FARC, sin tener idea del contexto de la situación: ellos son repugnantes, un símbolo de todo lo detestable en la política. Y que Petro cayera en la misma táctica tampoco es sorpresivo: recordemos que hace unos años tuvo el mismo descache, y lo peor es que fue con falsa información.

Adenda 2: lamento mucho que en el atentado al CAI en Barranquilla hayan muerto dos perros, que ni la debían ni la temían en ese asunto. Pero cuando la gente está más dolida por dos animales que por los miembros de su misma especie, y se enfurece porque a ellos no los recogieron con la misma velocidad ni cuidado, la verdad es que me preocupa.

2 comentarios:

  1. Ve ¿La universidad te deja volver un ratico a Colombia? ¿Cómo es eso de la beca? Pero ¿Todos los gastos te los paga la beca esa o toca sacar algo del bolsillo?

    Hbalando de Colombia. Respecto a los venezolanos, muchos si venden el trabajo es por pura y física desesperación, no porque quieran ser amables. Además si me preocupa que los cedulen porque, aprovechandose de la tragedia de ellos,ciertos sectores políticos exploten su sufrimiento y los convenzan para que terminen votando por ellos.
    Hoy 11 de marzo ¿te encuentras en Colombia o en Chile?, en cualquier caso ¿revisaste si tenías la cédula inscrita para votar?

    Hablando de Chile. Respecto a la polémica con la Machi Francisca Linconao y los reclamos mapuches ¿consideras que el Estatuto Antiterrorista (herencia de Pinochet) debe ser eliminado? Cabe destacar que diversas organizaciones (incluida la HRW) han denunciado dicho estatuto. Y también respecto a la machi, los terratenientes locales le tienen rencor porque las cortes fallaron a favor de ella (en dos ocasiones) un juicio por tierras

    Bueno, espero que te vaya bien y que las cosas mejoren. Por cierto, la inscripción para presidenciales es hasta e 27 de marzo

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    1. Hola. Pues, por partes:

      1. Prefiero reservarme los detalles sobre la beca y sus condiciones. Espero que entiendas eso.

      2. Sobre la "amabilidad", creo que debes fijarte mejor en el párrafo, porque yo estaba hablando de los biólogos, no de los inmigrantes venezolanos.

      3. He escuchado el asunto de la carnetización, y la verdad no le doy tanto crédito. Un fraude de semejante magnitud no tardaría en descubrirse, a pesar del descrédito del CNE. No lo veo probable, pero tampoco lo descartaría como imposible, considerando el talante de nuestros políticos.

      4. En Chile. Y no, no tengo la cédula inscrita para votar aquí.

      5. La verdad para mí, la Ley Antiterrorista es como el Estatuto de Seguridad de Turbay: una medida mezquina para detener y abusar de cualquiera sospechoso de ir en contra del gobierno, independientemente de si es un criminal o no. Aquí se usa demasiado contra los mapuches, y es obvio que en muchos casos, los detenidos no cumplen con lo que se tipifica como delito terrorista. Para mí debería abolirse.

      Muchas gracias. Espero salir antes de todos los papeleos que necesito para inscribir la cédula a tiempo.

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