domingo, 31 de diciembre de 2017

Transmetropolitan, política y periodismo

Advertencia: esta entrada contiene spoilers del cómic. Si no lo ha leído, y desea hacerlo próximamente, siga leyendo bajo su propio riesgo.

“Quieres saber qué es votar. Te voy a decir qué es votar. Imagina que estás encerrado en un enorme club subterráneo lleno de pecadores, putas, fenómenos y cosas innombrables que violan pit bulls para divertirse. Y no pueden salir hasta que todos voten qué harán esta noche. Tú quieres sentarte y ver ‘Reserva del partido republicano’ en la tele. Ellos quieren practicar el sexo con personas normales usando cuchillos, pistolas y nuevos órganos sexuales que tú ignorabas que existían. Así que tú votas por la tele, y todos los demás, hasta donde te alcanza la vista, votan por follarte con navajas. Eso es votar. De nada”.

-Spider Jerusalem, en Transmetropolitan #15: “El Año del Bastardo 3: Sonríe”.



Estos últimos años han sido muy movidos electoralmente. Chile reeligió a Sebastián Piñera, Mugabe fue –¡finalmente!- derrocado en Zimbabwe, la oposición en Venezuela perdió miserablemente en las elecciones de alcaldes y gobernadores frente a un chavismo fortalecido, Ecuador eligió a un sucesor de Rafael Correa que pronto dio un giro a su legado, y el próximo año veremos cómo Colombia y México hacen pagar a Santos y Peña Nieto por su gestión presidencial, y cómo la bravuconería y estupidez de Trump le costará en el Congreso. De Venezuela ni hablemos, que me tomaría toda la entrada hablar al respecto. Por otro lado, en Europa los catalanes proclamaron una independencia torpe y macilenta, y en varios países como Reino Unido, Alemania, Grecia y Austria, la extrema derecha se fortalece.

Antes de continuar, debo pedir disculpas a los que tal vez hayan querido leer algo más el mes pasado. Las últimas semanas en el estudio han sido bastante intensas, y como tiendo a ser un poco obsesivo con las cosas urgentes, no me molesté en sacar parte de mi tiempo para escribir aquí, además de que no tenía tampoco muchos temas actuales. De hecho, quería hablar sobre la familia de  Tutankamón, al cumplirse el aniversario del descubrimiento de su tumba, pero será en otra ocasión.

En estos tiempos tan convulsos e inciertos, un retrato crudamente realista y quizás un poco pesimista sobre la política se encuentra en uno de mis cómics favoritos: Transmetropolitan. Creado por el escritor británico Warren Ellis, genio detrás de cómics como Red, The Authority y Planetary, y quien trabajó también por un corto tiempo en Hellblazer con la que es, a mi juicio, la mejor historia de John Constantine (con perdones a Garth Ennis y Hábitos peligrosos), Atormentado, Transmetropolitan es una obra para adultos situada en un futuro cyberpunk y transhumanista, donde a pesar de los avances tecnológicos y genéticos, los cuales son tan desarrollados que casi parecen magia, la indiferencia, la pobreza y la discriminación siguen vigentes.

De semejante mundo intentaba escapar Spider Jerusalem, un periodista gonzo inspirado en Hunter S. Thompson, quien es sacado forzadamente de su retiro rural por un antiguo contrato para escribir dos libros que aún debía, y decide trabajar como reportero de periódico con su antiguo editor, Royce Mitchell, para encontrar el material necesario en las noticias políticas y sociales. Es un año electoral, y el teclado de Spider está ávido de columnas.

Cuando digo ávido, lo digo en serio.

Spider Jerusalem es un tipo complicado. Sarcástico, sumamente vulgar, ateo agresivo (aquí es algo muy literal) y fácilmente irritable, es un bebedor y drogadicto que despotrica contra la sociedad, sean los poderosos o la gente del común, casi al punto de la misantropía. Sin embargo es un periodista nato: inteligente, inquisitivo, y con un marcado desprecio por la indiferencia y la corrupción; es amable con los niños y con las personas desamparadas. En un todo, la filosofía laboral de Spider puede resumirse en una sola frase: “La verdad, a cualquier precio”. Si bien sus notas periodísticas pueden verse tensas por su lenguaje agresivo y su participación en sus historias (algo característico del gonzo, y por lo cual podría perder subjetividad), Spider jamás cambiará la realidad de lo que está ocurriendo: ni la recrudece ni la endulza.

Soy el único que remotamente está interesado, carajo. Y ya ves lo que sí les llama la atención. Lapidar a un pobre diablo porque sus valores son distintos a los que predican trozos de un libro que se recopiló en una época en la cual todavía corríamos el peligro de ser devorados por los dinosaurios. Un montón de putos estudiantes creen que no nos queremos lo suficiente porque tenemos teléfonos e intentan curarnos matando un trozo de calle y esperando que nos sentemos todos a contarnos cuentos delante de una hoguera, como en un campamento de verano.

-Spider Jerusalem, en Transmetropolitan #20: “La Nueva Escoria 2: Nueva Ciudad”.


Tales principios se ven en conflicto cuando empieza la campaña electoral de los dos candidatos a presidencia: la Bestia, el actual presidente de los Estados Unidos, y el perturbador, Gary Callahan, apodado El Sonriente. Spider entrevista inicialmente a Callahan, trabando amistad con su directora política, Vita Severn, quien cree que el Sonriente puede finalmente destronar al presidente. Aunque al principio Spider prefiere apoyar al Sonriente, si eso significa sacar a la Bestia del gobierno, pronto se arrepiente al darse cuenta que Callahan es igual de corrupto, eligiendo como vicepresidente a un hombre fabricado en una “granja de bastardos” que vende personas diseñadas a compañías de productos de carne humana (en Transmetropolitan es común y legal consumir extracto de niño chileno, o cosas así) y, clandestinamente, a pederastas, a cambio del control de Florida en las elecciones. Y justo cuando Vita debe entregar una declaración tras la humillación pública de Callahan a manos de Spider, es brutalmente asesinada en vivo y en directo.

Las entrevistas que Spider realiza a los candidatos nos dan la perspectiva de los escenarios posibles con cada uno. La Bestia, al contrario de lo que Spider cree, sí tiene principios, aunque estos choquen con las creencias del periodista. La Bestia no es un dictador cruel. Es más bien un político desencantado, que busca ser presidente por autocomplacencia. Su visión de gobernar es simplemente garantizar que la gente pueda sobrevivir con el mínimo necesario: en sus propias palabras “Si mañana el 51% pueden comer y el 49% no, he hecho mi trabajo. Ese es el maldito límite absoluto de lo posible”. Es un hombre con ideales, sólo que a diferencia de Spider, no cree que se pueda salvar al mundo desde una posición de poder. Y de paso, si puede castigar a los que no votaron por él dándoles unas pésimas condiciones de vida, pues mejor aún. Es por ello que, antes de irse, le asegura a Spider que seguirá siendo presidente, pues al menos cree en algo, “y Callahan  no cree en una mierda”.


El Sonriente, por otro lado, es muy diferente. No hay algún ideal retorcido que lo impulse a ser presidente, aparte de querer ser presidente porque debería serlo. Oh, sí, y porque tiene el deseo de hacer sufrir a la gente y ponerlos a marchar según sus caprichos. Misántropo aún mayor que Spider, Callahan admite con total desfachatez (luego de desactivar todo el equipo de grabación del periodista, de modo que “nunca estuvimos aquí”) que su campaña hizo asesinar a Vita para aumentar el apoyo popular, y promete acabar lentamente con Spider. Es básicamente un sociópata profundamente desequilibrado a quien no le importa asesinar personas cercanas a él, desde un gatito hasta a su propia familia, para salvar su respaldo ante el pueblo frente a cualquier crisis.


El caso de Transmetropolitan es la típica disyuntiva del votante promedio de nuestra región. Cuando los candidatos a la presidencia son todos nefastos en algún sentido, ¿a quién elegimos? Aunque siempre es tentador aplicar el criterio ético y no votar por ninguno, y de hecho yo lo he defendido antes, la realidad es que va a quedar alguno de ellos como presidente, y no da igual que quede un Petro o un Ordóñez, porque aunque ambos tienen posturas muy cuestionables, sencillamente no son lo mismo. Y la visión pragmática de la realidad sugiere que, cuando menos, la opción realista es votar por el escenario menos terrible. Entiéndase: no por el candidato menos malo, sino por el que ofrece un gobierno menos nefasto. Claro, es una apuesta muy arriesgada, y es perpetuar algunas deficiencias sociales, pero es peor dejar que los candidatos más atroces tomen fuerza y la capitalicen en votos.

Spider Jerusalem lo tiene claro: aun antes del asesinato de Vita Severn, sabe que un corrupto desequilibrado como el Sonriente es una pésima elección presidencial, y decide atacarlo aun sabiendo que eso puede causar la reelección de la Bestia. Habrá daño, por supuesto, y sería mantener el statu quo de la sociedad actual. Pero la verdad debe conocerse a cualquier precio, incluso aunque este sea mantener las cosas como están. Desgraciadamente, Callahan consigue una victoria aplastante en las elecciones, y una vez en el cargo empieza a perseguir a Spider: ridiculizándolo con caricaturas y películas porno, decretando leyes para censurar cualquier nota periodística que “amenace la seguridad nacional”, y pronto su propia vida. Acompañado por sus Asquerosas Ayudantes, Channon Yarrow y Yelena Rossini, Spider decide continuar entregando la verdad a la gente, por todos los medios posibles.


Creo que esta sinopsis no le hace justicia al cómic en algunos aspectos, pero no puedo dejar de recomendar Transmetropolitan, en especial para el año electoral que viene. Si bien Spider no es precisamente un modelo a seguir como persona (cosa que el mismo Ellis ha dicho), el cómic tiene números muy interesantes donde se analizan temas como la religión organizada (#6, Dios me Cuida las Espaldas), el racismo posmodernista –por llamarlo de algún modo- que quiere mantener primitivos e ignorantes a los pueblos nativos (#9, Salvajadas Campestres), la discriminación hacia los enfermos mentales (#41, Hay una Razón), la indiferencia del sistema para integrar a los inmigrantes, analizada a través de los revivos –gente criogenizada y resucitada a través de nanotecnología y clonación- (#8, Otra Fría Mañana), la prostitución infantil (#40, Negocios) y la corrupción policial (#28-30, Ciudad Solitaria).

Y esta es mi entrada para despedir el año, Espero que el próximo año procure distribuir mejor mi tiempo para continuar con el blog, porque siento que aún hay muchas cosas de las que deben hablarse. Un saludo, y Feliz Año Nuevo.

Sí, el smiley de tres ojos que han visto en trabajos como Evolución nació de este cómic.

Adenda 1: la visita de Richard Dawkins a Colombia generó muchas opiniones. Demostró también que parecen haber rencores un tanto absurdos entre personas de algunas organizaciones ateas del país, y una visión bastante torpe de la organización y significancia del evento. Quería publicar al respecto, pero no lo hice por dos razones: al no identificarme como ateo, puede que lo que digo no sea considerado pertinente, y como no conozco la historia de las asociaciones ateas del país, ni pertenezco oficialmente a ninguna, prefiero no actuar de sermoneador al respecto. En todo caso, creo que nos sirve mucho más la unión en ideas comunes antes que trabajar separados para lograr el respeto al laicismo del país.

Adenda 2: ¿aún seguimos compartiendo la farsa de los dioses nacidos el 25 de diciembre y sacrificados antes de Jesucristo, sabiendo que es algo falso? Y peor aún, ¿lo justificamos diciendo que igual eso hace reflexionar a la gente? El fin se contamina si los medios son fraudulentos. Ya eso lo deberíamos tener bien claro.

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