sábado, 11 de noviembre de 2017

Imposturas religiosas: el autoengaño de la sola scriptura

“[…] Para más seguridad, he hecho todo lo que dice la Biblia, hasta esas cosas que contradicen a las otras cosas. […]” Ned Flanders, en Huracán Neddy, Los Simpson.

Como probablemente los lectores ya saben, este año se cumplen cinco siglos desde que, según la tradición, el fraile Martín Lutero clavó en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg sus 95 tesis, con las cuales empezaron las polémicas y discusiones que dieron origen a la Reforma y el surgimiento de decenas de iglesias protestantes en los siglos venideros hasta hoy. Es una fecha muy importante para millones de personas en el mundo, ya que dio forma a las doctrinas y parámetros con los que llevan su fe.

Tales parámetros pueden resumirse en las cinco solas, frases en latín que contenían el espíritu doctrinal básico de los reformistas, y que se enfrentaban a la doctrina imperante de la Iglesia Católica (la cual se encontraba en un estado de corrupción casi absurdo, mejor representado por la venta de indulgencias). La más conocida, supuestamente utilizada y defendida por todo protestante, es la sola scriptura (sólo por medio de la Escritura), la cual estipula que, dado que la Biblia está completamente inspirada por Dios, es la única fuente de autoridad, no debe ser interpretada más allá de sí misma, y toda doctrina cristiana debe ceñirse de acuerdo con las Escrituras.


Con el aniversario del acto rebelde de Lutero, no han sido pocos los grupos evangélicos que han presentado con orgullo su celebración (una iglesia luterana en Valdivia incluso colocó pendones muy interesantes con la historia y resultado de la Reforma y las distintas iglesias protestantes de hoy), y entre estos algunas personas han resaltado la importancia de seguir la sola scriptura, y vivir exclusivamente de acuerdo con las reglas de Dios, y mantenerse alejados de este mundo inicuo.

¿Pero esto es cierto? Porque si nos fijamos cuidadosamente en tales afirmaciones, no tardamos en darnos cuenta que son en cierta forma mentira, y que en realidad nadie, ni siquiera los cristianos, sigue realmente la sola scriptura. Si lo hicieran, probablemente la mayoría de ellos estarían presos, o en el menor de los casos, figuras femeninas importantes como María Luisa Piraquive estarían sentadas sin abrir la boca, y todos habrían dicho que Elena G. de White estaba chiflada. Parece rudo, pero sería verdad.

Empecemos por lo más básico. Si se supone que la única autoridad de fe y costumbres viene de la Biblia, tenemos un cuerpo de contradicciones tan grande como el Pacífico. En el Pentateuco, por ejemplo, prohíben comer animales como el cerdo, el conejo y los mariscos, y la mayoría los come sin problemas (Levítico 11). También se sugieren cosas atroces como dar muerte a los homosexuales, o que una mujer violada se case con su agresor, y así y así. Se dice que Dios es furioso y celoso, pero también es paz. La excusa usual es que todas esas reglas, esa actitud de Dios, eran las adecuadas para un tiempo más antiguo, más bárbaro, y que todo eso cambió con la llegada de Jesucristo, pero olvidan convenientemente que en el sermón del monte él fue muy claro en que no iba a cambiar una sola letra de la ley establecida (Mateo, 5:17-19).

Tampoco es que el Nuevo Testamento esté libre de contradicciones y malos ejemplos del mensaje pregonado. Jesús no es precisamente paciente ni pacífico con los mercaderes del templo, ni mucho menos con la pobre higuera que maldijo (lo que Lucas empeora diciendo que ni siquiera era época de frutos). Y entre las reglas que planteaba Pablo de Tarso (no Jesús, eso hay que aclararlo), mandaba a la mujer no enseñar ni dominar, sino ser sumisa y llenarse de hijos (1 Timoteo, 2:11-15), además de cubrirse la cabeza al orar, porque no debe brillar con la gloria del hombre (1 Corintios, 11:5-7). ¿Todas esas cosas las hacen realmente los cristianos? No: de hecho, como mencioné al principio, incluso hay mujeres que han fundado iglesias o religiones completas, sin que las lecciones de Pablo les importen mucho, aunque respetando convenientemente las otras cosas que profesaba el hombre (1 Corintios, 6:9-10). ¿Dónde está la sola scriptura entonces?

Por supuesto, ante la evidencia de que en realidad nada de lo planteado en el Antiguo Testamento perdió validez con el Nuevo, considerando que uno de los atributos de Dios es que es inmutable, los cristianos te dirán, primero, que iglesias como las Adventistas y mujeres como la Piraquive no son verdaderos cristianos, mientras que el caso de pasajes bíblicos radicales son curiosamente “metáforas”, “dependen del contexto”, o “deben interpretarse de forma adecuada”, forma que por supuesto sólo dominan ellos. Pero eso entra de nuevo en contradicción con lo planteado en 1 Corintios, 4:6 (“no pensar más allá de lo que está escrito”), y si se supone que la Biblia es inspirada directamente por Dios, esto es palabra divina, por lo que metáforas e interpretaciones alternas de otros pasajes bíblicos es hacer una sucia trampa, y además una violación directa al concepto de sola scriptura.

Y lo gracioso es que lo metafórico o sujeto a interpretación siempre es lo inconveniente para los cristianos, como la lapidación de pecadores, el diezmo o no comer cerdo. Ningún creyente en su sano juicio se atrevería a decir que Adán y Eva son simbolismos, y muchos creen literalmente que el diluvio universal es un hecho histórico. ¿Pero por qué esos hechos son tomados de forma literal? Bien, son pilares dentro de la fe: cuesta un poco tener un pecado original del que Jesús vino a salvarnos si no hubo una caída del hombre en el Edén. Pero, ¿por qué no tomar cosas como la dieta y la ejecución de ciertos pecadores al pie de la letra? Simple. Nada de eso es conveniente para el cristiano, ni para hacerse ver como un dechado de virtudes, ni como una persona amorosa. Y ciertamente también tiene asuntos políticos y judiciales. Después de todo, justificarte por asesinar a un homosexual citando la Biblia sería como para que se rían en tu cara y te doblen la condena. Como dije, si la sola scriptura realmente se siguiera al cien por cierto, muchos de los radicales que se toman la Biblia como única regla para su vida estarían presos, pues no serían diferentes de los fundamentalistas islámicos.


Y a eso viene otro asunto: a los cristianos les toca vivir no sólo de acuerdo con las reglas bíblicas, sino también a las leyes de los países que habitan. Y sabemos que muchas constituciones hoy en día ya no toman la Biblia como fuente de inspiración, pues serían abusivas contra las minorías, y contra los creyentes que no son cristianos y la gente que no profesa ninguna fe. El cristiano no puede simplemente ir a apedrear gente en la calle ni quemar pecadores en las estacas como se hacía antaño (y el que me diga que eso es cosa de católicos, bien haría en leer la historia de Miguel Servet), porque todas esas cosas son ilegales. No puede discriminar en lugares públicos a homosexuales, o decir que los negros son espiritualmente inferiores, o expulsar a una mujer de su trabajo por pretender ganar lo mismo que un hombre, porque todas esas cosas son ilegales y muy mal vistas en el mundo de hoy (y aun así muchos lo hacen). La sola scriptura es incompatible e incluso peligrosa con la sociedad contemporánea, y es por ello que a la hora de la verdad, ningún cristiano la respeta realmente.

Claro, podrán alardear de seguir los designios divinos, o de poseer la verdad en sus manos y ser salvos, pero en realidad siempre estarán irrespetando la voluntad de Dios, pues toman con pinzas todo lo conveniente y digerible para su diario vivir, y los pasajes más duros e incómodos se dejarán siempre a un lado como metáforas o cosas que ya no aplican para el mundo de hoy. Eso es una muestra increíble de falsedad y revisionismo de su parte, con lo que enorgullecerse luego de cinco siglos de la Reforma por devolverle el espíritu a la fe cristiana es una hipocresía tremenda.

Tal como mencioné al principio, si algo bueno tuvo la Reforma es que Lutero demostró que la Iglesia Católica no era infalible, que el tener la Biblia en la mano no hace a nadie ni santo ni sabio, y en un todo mostró la valentía de cuestionar lo incuestionable. Es una pena que su ejemplo no pueda ser seguido por muchos de los cristianos que hoy celebran sus acciones, que prefieren engañarse a sí mismos y esconderse tras hipócritas juegos de excusas antes que dar un paso más allá del alemán y cuestionar los mensajes de la Biblia misma. Claro, yo no espero realmente que la mayoría lo haga, dado que eso sería poner en dudas su misma fe. Pero, entonces, creo que al menos deberían dejar de juzgar al mundo desde su pretendida superioridad moral, y guardarse sus megáfonos y sus hirientes propuestas políticas para sus congregaciones.

2 comentarios:

  1. Respecto a la Sola Scriptura, por otro lado, dando el beneficio de la dudad, podríaos decir que en realidad la biblia que conocemos no está completa. Me explico, recuerda que en el Concilio de Nicea muchos textos de lo que se conformaría la biblia fueron intencionalmente omitidos, suprimidos o desaparecidos, o siplemente se perdieron para ser encontrados siglos despues (Nag Hammadi), los "Evangelios Apócrifos", algunos se pudieron recuperar, otros no.

    Yo no se si tu los conoces o te interesaría conocerlos

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  2. No estoy muy seguro si esa duda es legítima. La mayoría de los apócrifos que se conocen tienen o situaciones extravagantes o no se ajustan mucho a las doctrinas cristianas: ya en los primeros siglos antes de Nicea se les rechazaba. Eso podría decirnos que simplemente les incomodaba lo que se enseñaba en ellos, y en última instancia seguiría siendo una violación de la sola scriptura (si asumimos que el concepto se manejaba sin nombre desde los primeros años del cristianismo) cuyas consecuencias afectan a los cristianos de hoy, aunque también podría decirnos que en esa época había más criterio para separar los buenos mensajes de las contradicciones o incluso tonterías, y que el problema de si se sigue o no el concepto presentado por Lutero es responsabilidad de los que vinieron tras él, asumiendo que los textos que componen la Biblia son palabra divina.

    En particular, creo que el de Tomás me resulta muy interesante.

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