miércoles, 5 de diciembre de 2012

Por pensar diferente


Termina la época universitaria, y es un descanso para muchos después de meses de duro trabajo y esfuerzos. Cada vez siento más cerca la graduación. Debería ser motivo para celebrar, ¿cierto?

Desafortunadamente, no es así. En la Universidad del Magdalena, a la cual pertenezco, ha terminado el semestre con amenazas de muerte a nueve docentes, dos de los cuales enseñan en el programa de Biología del cual soy miembro. Debido a su posición crítica ante el manejo actual de la institución y su promoción del voto en blanco durante las pasadas elecciones a rector de la Universidad, el mensaje electrónico les hace un llamado a no seguir “torpedeando” la autonomía universitaria (sarcástico, ¿no?), y que pueden elegir retirarse a otras instituciones, o de lo contrario sufrirán las consecuencias. Cierran con el broche: "Por cada demanda o proceso judicial en nuestra contra morirá uno de ustedes. Ratas", y culminan con amenazas de represalias si los docentes se atreven a hacer públicas las amenazas.

Lo rudimentario del mensaje hace difícil creer que provenga de personas cercanas al actual rector. Pero, con toda seguridad, su silencio con respecto al tema no hizo sino dar vía libre a esta muestra de opresión, al calificar las amenazas de “supuestas”, sin dar un apoyo claro a los docentes en crisis. Ninguna amenaza de muerte puede tomarse a la ligera. Esto no fue un simple mensaje para asustar: fue algo planeado cuidadosamente. Se envió el mensaje a finales del semestre, cuando los profesores están culminando materias y los estudiantes están preocupados por los exámenes finales y por irse de casa. Sabían que no habría mucho movimiento por parte de las directivas de la universidad, y que cuando los estudiantes se enteraran y entendieran lo que estaba pasando, no podrían manifestarse activamente (en ese orden de ideas, aplaudo la protesta silenciosa de nuestra docente Lina Saavedra, y a los estudiantes del programa de Antropología. Es doloroso que, debido a la ausencia de muchos estudiantes por el final de semestre, no hayamos podido hacer lo mismo en Biología).

¿Cuándo se volvió un delito opinar de forma diferente? ¿Por qué debemos pensar todos como los que se encuentran arriba en el poder? Como había explicado en una crítica anterior, las opiniones que no generan violencia tienen todo el derecho de ser libres de expresarse. Pocos de los docentes amenazados se conocían entre sí; coincidían simplemente en su rechazo a la gestión del actual rector y al manejo de las elecciones al cargo, las cuales siempre tuvieron la impresión de estar más que arregladas (esto último es mi opinión). Qué vergonzoso es volver a los tiempos de los paramilitares, cuando todo el que tenía ideas diferentes en la Unimagdalena era asesinado. Vergonzoso, sobre todo, que el lema del rector actual sea “La autonomía y la excelencia académica son lo primero”, y el mensaje de acreditación sea “Todos construyendo universidad”. ¿Dónde está la autonomía que promueve, cuando los docentes son amenazados de muerte por expresar sus ideas? Al menos dos de los docentes amenazados ya se retiraron de la ciudad, incluso del país. ¡Excelencia académica! El progreso del pensamiento se da cuando existe discusión (refiriéndome como discusión a la conversación activa), al confrontar distintos pensamientos, distintas opiniones, distintas ideas. A través de la comparación y complementación de distintos ejes, se puede construir algo mucho más completo, mejor. ¿Dónde está el sentido de innovación en un grupo de trescientas personas que piensan igual, que opinan igual? ¡En ninguna parte! ¿Cómo construyes un edificio, si no aceptas las opiniones de los demás? ¿Cómo saber que estás construyendo mal? ¿Cómo saber que puedes diseñar un edificio mejor?

En un grupo de amigos, ¿no se aprende más cuando existen discrepancias en cosas tan variadas como series de televisión favoritas, gustos musicales, creencias religiosas, hábitos de ocio? ¿No es placentero saber que, a pesar de que difieren en muchas cosas, siguen siendo amigos, y que ellos aprenden de ti al tiempo que tú aprendes de ellos?

Finalmente, quiero hacerle un reconocimiento a la profesora Sandra Vilardy, uno de los dos docentes del Programa de Biología que fueron amenazados. Personalmente, nunca tuve la oportunidad de dar clases con ella. Sin embargo, las ocasiones en que la escuché hablar en las asambleas del programa, y las pocas veces que me senté a dialogar con ella me hicieron saber que es una persona excepcional, con un pensamiento analítico y crítico muy bueno, y que fomenta en los estudiantes el hábito de la reflexión y el análisis, de cuestionar lo que no encontramos correcto, pero siempre respetando el pensamiento ajeno. No puedo, de ninguna forma, entender la angustia por la que está pasando, pero fue muy duro verla en la última asamblea, con lágrimas en los ojos, lamentándose por tener que marcharse de la universidad, de la ciudad y del país, sin querer hacerlo. Pero debía hacerlo, por el bien de ella y de su familia, que a fin de cuentas es lo más importante que se tiene. Siento que las cosas hayan terminado así para ella, pero le entrego todo mi apoyo, y mis sinceros deseos de que tenga éxitos en esta etapa de su vida en el exterior.

Esto es lo que ocurre dentro de nuestra alma máter. Personas cuyo gran ejemplo y espíritu reflexivo y crítico se ve pisoteado por la intransigencia y la estupidez de los que creen tener siempre la razón. No podemos permitir que esto siga pasando. Tenemos el derecho de pensar libremente, sin estar aferrados a lo que piensen los demás; ahí está la esencia de la sociedad. Cada cabeza es un mundo propio, dicen; bien, no hay nada más soso que miles de mundos iguales juntos, creando una figura idéntica. Junta miles de mundos diferentes, cada uno con un toque especial, y tendrás un armónico universo.

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