Dos canciones sobre metas simples

 Esta semana publiqué un adelanto en mi cuenta de Ko-fi acerca de la relación entre Epstein, los científicos e intelectuales que aparecen registrados en sus documentos, y la presencia de varios argumentos pseudocientíficos y racistas en las nuevas derechas. Fue un ensayo bastante largo, de los que tenía tiempo sin hacer, así que mientras esa entrada llega al blog quiero escribir algo mucho más ligero, pero que puede ser un alivio para los lectores.

Como sabrán quienes llevan al menos una década leyéndome o siguiéndome en redes, me encantan los tardígrados u ositos de agua. Trabajé con estos animales en pregrado, publiqué e hice parte de artículos científicos y otros documentos con ellos, y espero en algún futuro volver a trabajar con ellos. De ser posible me gustaría que, si vuelvo a intentar un doctorado, ellos sean mi tema de investigación.

Así que no será sorpresa que, desde hace unos años, una de mis canciones favoritas sea “The Tardigrade Song” (La canción del tardígrado), creada por Cosmo Sheldrake. Sheldrake es un artista musical y compositor muy conocido por hacer canciones con letras inspiradas en temas científicos y naturales como los musgos, el Mioceno o, lo que nos ocupa aquí precisamente, los tardígrados.

Gran parte de la canción viene de la perspectiva de un sujeto al que le gustaría ser un tardígrado y conseguir lo que quisiera (Si yo fuera un tardígrado, me mudaría de casa/¿Por qué vivir en el matorral, cuando podrías tener un trono?), sin preocuparse por todas las dificultades a su alrededor (La presión no podría aplastarme ni el fuego quemarme/Estas son cosas que nunca aprenderé). El personaje habla de poder vivir en el vacío del espacio, o de deshidratarse y dormir por años antes de tomar un vaso de agua y seguir con su vida.

Si conocen un poco acerca de los tardígrados, notarán que la canción va tocando muchas de sus características más conocidas: que la mayoría de las especies viven asociadas a las plantas -más correctamente, a la película de agua que cubre musgos, líquenes y otras epífitas-, que fueron enviados al espacio exterior para estudios científicos y, sobre todo, su maravilloso atributo de la criptobiosis, que les permite sobrevivir durante muchos años en condiciones adversas. Sin duda querríamos todo eso para nosotros mismos, el poder vivir sin preocuparte de que el clima empeore aún más, o que tu casa arda en llamas.

Pero lo que la hace aún más encantadora es que en el tercio final de la canción, el sujeto recibe una respuesta de un propio tardígrado. En sus palabras, el pequeñito dice que prefiere quedarse en casa sin preocupaciones (No lo cambiaría por nada/Ni un cuchillo, una copa o un trono), y vivir en su parche de musgo bebiendo whisky y bien arropado. La idea de un osito de agua bebiendo whisky y sentado en un sillón o un sofá es tan cómica como tierna, pero ¿qué quiere decirnos la canción con todo esto?

En principio parece simplemente una canción surrealista, o una forma lúdica y graciosa de presentar temas científicos, como le gusta hacer a Sheldrake. Sin embargo, con un poco de atención podemos interpretar otras cosas. Y muchos han notado que podría encontrarse un mensaje de sencillez y humildad: que hay personas que desean grandes cosas para su vida, que tienen metas bastante altas (como el sujeto principal en la canción), pero también hay otras que están conformes con lo que tienen, y sólo quieren vivir sin preocupaciones (como el tardígrado).

Esta interpretación me hizo pensar en otra canción que escuché hace unos años, pero que va de un tema similar. Se trata de “Køb Bananer” (Compre bananas), del cantautor danés Kim Larsen, y que fue publicada en 1979. Habla de un hombre que tiene que tomar el puesto de bananas de su tío Stage cuando este cae enfermo, a pesar de que el tío le pedía que estudiara y no terminara como él. El hijo del hombre le dice que no quiere esa vida de vendedor, que se educará para no ser un perdedor como su padre, pero no le va bien en el colegio. La canción termina con el hijo del personaje vendiendo bananas en el mismo puesto que antes fuese de su padre, y antes del tío Stage.

Leído así, seguro que la canción suena bastante deprimente. Pero como explica la dibujante danesa Humon en una ilustración que creó hace unos años acerca de la canción (y por la cual la conocí), “en realidad es una canción muy optimista acerca de cuán difícil puede ser escapar del ambiente en el que creciste, pero que no es el fin del mundo si no puedes hacerlo”.

Y es el mensaje lo que me hizo recordarla cuando me fijé en el mensaje de “The Tardigrade Song”, pues ambas canciones nos hablan de llevar vidas sencillas, sólo que desde diferentes perspectivas. Una nos dice que no todos queremos fama o poder, sino tranquilidad y un techo propio. Otra nos habla de que no siempre podemos conseguir lo que queremos, pero hay que adaptarse a lo que tenemos.

Ambos son mensajes importantes a tener en cuenta. Hoy en día existe mucha presión hacia el éxito en tu campo, y no sólo éxito personal, sino a grandes escalas. La sociedad se ha vuelto híper-competitiva, y nos sentimos empujados a ser lo mejor de lo mejor en las carreras que emprendemos, en los trabajos que conseguimos. Eso no es malo en sí, pero lo cierto es que no todos tienen esas grandes ambiciones. Por hablar de mi carrera, no todos los biólogos están interesados en ser el próximo Darwin, o en descubrir nuevas especies. Algunos prefieren trabajar en la industria o el campo agropecuario, desarrollando formas de mejorar los recursos naturales que aprovechamos, y otros están tranquilos siendo docentes y preparando a las próximas generaciones de investigadores.

Por otro lado, una dura realidad de la vida es que no todos alcanzaremos las metas que nos proponemos. Ya sea porque nuestras condiciones de vida nos impiden acceder a una preparación apropiada para ello, por cuestiones de salud, o por eventos fortuitos que escapan de nuestro control, a veces quedaremos lejos de poder cumplir nuestros sueños. Es normal que eso nos golpee durísimo, que nos haga sentir inútiles, o que continuar después de lo ocurrido es imposible. Pero llega el momento en que te preguntas: ¿y ahora qué sigue? ¿Qué tengo a mi alrededor? ¿Qué puedo construir a partir de ello?

Yo me he hecho estas preguntas a menudo en los últimos años. Como sabrán los lectores habituales, mi proceso de doctorado no pudo culminar, y tuve que regresar de golpe a Colombia, con un título de postgrado, pero sin tesis ni publicaciones. He tenido que pasar casi dos años completos desempleado, y aunque logré trabajar en una institución científica los últimos meses del año pasado, por la naturaleza del contrato, las dinámicas de la institución a la hora de renovar, y el inicio de la Ley de Garantías en el país, estoy de nuevo sin empleo, al menos durante la primera mitad de este año.

Ciertamente, estoy muy lejos de donde imaginaba estar hace una década. Y por supuesto que no me complace. Pero no puedo quedarme enfrascado en lo que no pasó, sino enfocarme en lo que puede pasar. En estos momentos, como el tardígrado de la canción, más que éxito necesito tranquilidad, el no tener que preocuparme si no alcanza el dinero en casa para comprar mercados, o por si ocurre alguna otra emergencia de salud, que ya hemos tenido de esas en meses pasados.

Por supuesto, intento no cruzarme de brazos. He postulado a convocatorias para empleos un poco más estables. Al mismo tiempo, estoy intentando aprovechar mejor el Ko-fi con adelantos para sacarle algo de utilidad, y también buscando trabajos de medio tiempo, quizás como tutorías en línea. No descarto que me llamen de este último trabajo, pero es importante tener una fuente de ingresos en estos meses. Y por supuesto que no he renunciado a intentar de nuevo un doctorado; es sólo que no es mi prioridad en estos momentos.

Por supuesto, tampoco estoy pretendiendo que haya que estar conforme siempre con lo que tenemos. Siempre podemos aspirar a más. Pero también hay que sabernos mover dentro de las circunstancias que nos rodean, y aprovecharlas al máximo antes de intentar mejores cosas. Quizás, así, podremos estar como el tardígrado, acurrucados dentro de un hogar propio.

La verdad es que estos no han sido días fáciles para mí en términos de ánimo. Vino a mi mente la idea de esta entrada como una forma de exorcizar un poco los pensamientos negativos, y recordar mantener los pies y la cabeza en la tierra para seguir marchando. Y espero que a otros que la lean también pueda ayudarles a reflexionar en momentos difíciles.

 

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