Hablemos de la nueva Barbia autista

 

Lamento de nuevo haber estado ausente por tanto tiempo en enero. Necesitaba instalar el Office en el portátil nuevo -que la última entrada la escribí en documento de texto-, e intentar salvar algo de los viejos que tenía, y todo eso ha demorado más de lo que quisiera. También sé que probablemente estén esperando un comentario sobre los sucesos que han ocurrido desde que inició el año, como la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, las protestas contra el ICE en Estados Unidos tras el asesinato de Renee Nicole Good, las protestas en Irán contra el régimen de los ayatolás, y otros similares.

Prometo escribir la próxima entrada hablando sobre estos sucesos con un enfoque particular, porque me ha molestado de nuevo la reacción de buena parte de la izquierda en redes sociales. Pero necesito reajustarme un poco antes de escribir al respecto, así que quiero empezar con algo más ligero, que va de la mano con reflexiones que he tenido en los últimos meses. Y qué mejor forma de hacerlo con un tema que me resulta interesante como neurodivergente y como alguien que admira muchos aspectos de la cultura popular.

Hace unos días, la compañía Mattel, creadora de muchas marcas de juguetes como las famosas muñecas Barbie y los Hot Wheels, anunció el lanzamiento de su primera Barbie autista, como parte de su colección Barbie Fashionistas y como un nuevo esfuerzo de lograr una mejor representación infantil. Esta muñeca cuenta con rasgos y accesorios como articulación en codos y manos para permitir imitar gestos de stimming, una mirada ligeramente desviada hacia un lado, y diferentes accesorios de apoyo, que mencionaré en detalle más adelante. Como especifican en la página de la compañía, trabajaron en conjunto con la comunidad autista “para representar formas comunes en que las personas autistas pueden experimentar, procesar y comunicarse con el mundo a su alrededor”.

La muñeca ha generado unas respuestas en su mayoría positivas por parte de la comunidad autista, aunque por supuesto también ha tenido sus comentarios negativos. Tratándose de un tema que tiene que ver con una parte importante de la comunidad neurodivergente, vale la pena escribir al respecto para analizar las diferentes perspectivas que han surgido acerca de la Barbie autista y lo que refleja realmente de la experiencia autista.

Hace casi diez años escribí un corto ensayo acerca de la muñeca Barbie, sobre sus cualidades y las críticas que ha recibido a través de las décadas, y la línea de modelos nuevas con diferentes atributos que se lanzó en aquel entonces. Obviamente no tengo una experiencia femenina ni colecciono Barbies, pero como un juguete tan destacado de la cultura popular no puedo evitar que me llamen la atención tantas cosas de su figura y legado.

Hablemos primero de todos los detalles que trae la nueva Barbie, y la forma en que buscan representar el autismo. Como mencioné, tiene articulaciones en los brazos para permitirle a las niñas replicar con ello movimientos autoestimulantes, mejor conocidos como stimming; expliqué en este ensayo en qué consiste dicha acción. La mirada ligeramente desviada pretende reflejar el hecho de que muchos autistas evitamos el contacto visual cuando nos dirigimos a otras personas. La muñeca viene con tres accesorios: audífonos canceladores de ruido (que en un neurodivergente permiten reducir el ruido de fondo y la sobrecarga sensorial), un fidget spinner que de hecho puede girarse (un juguete que puede ayudar a aliviar el estrés) y una tableta con aplicaciones para comunicación aumentada y alternativa (un reflejo de que muchos autistas prefieren comunicarse de modos no verbales). Incluso sus ropas son sensorialmente cómodas, con un vestido suelto de mangas cortas y unos zapatos de suela baja. Finalmente, esta muñeca es negra, haciendo parte del reducido pero creciente número de modelos Barbie con otros tonos de piel.

Y la presencia de tantos rasgos fácilmente asociables con el autismo no son casuales. La Barbie autista fue diseñada con la asesoría de la Autism Self Advocacy Network (ASAM), una de las organizaciones de defensa del autismo más importantes de la actualidad, en un trabajo de diseño y desarrollo que tomó más de dieciocho meses, con el fin de que la muñeca permitiera que las niñas autistas pudiesen sentirse representadas de forma auténtica y alegre con la nueva Barbie, que puedan tener una representación adecuada del autismo desde una temprana edad. De hecho, Barbie® donará más de mil muñecas de la Barbie autista a varios hospitales pediátricos que trabajan con menores de edad en el espectro autista.

Que la empresa opte por incluir a una Barbie con una discapacidad tan común tampoco debería ser una sorpresa grande. Desde el lanzamiento de la línea Barbie Fashionistas, se han presentado otros modelos de Barbie con rasgos que claramente indican alguna condición particular: tenemos Barbies con diabetes tipo 1, síndrome de Down y discapacidad visual. Para Mattel, esto puede ayudar a que los niños puedan entender el mundo a su alrededor más allá de su propia experiencia vivida, que conozcan que existen otras personas con diferentes condiciones de salud. La Barbie autista, entonces, es otro paso en dicho propósito.

Habiéndome explayado sobre los rasgos y cualidades de la nueva muñeca, que han sido señalados y celebrados por varias mujeres autistas en redes, hay que decir también que ha recibido su parte de crítica, tanto por personas autistas como por aquellas que no son ni siquiera neurodivergentes. Es algo que, guste o no, me parece necesario tener en cuenta para entender perspectivas que pueden ayudar a mejorar la representación autista en futuras iteraciones, o que ayuden a explicar por qué esta muñeca en particular tuvo una recepción mayormente positiva. Hablemos entonces de algunas de las objeciones.

La primera crítica, y creo que la que he visto con más frecuencia, es que la nueva Barbie autista es demasiado estereotípica: que los canceladores de ruido o los juguetes de stimming son una imagen muy difundida en redes sociales de lo que significa ser autista. Pero esa inquietud parece entender dicho fenómeno al revés. No es que esos accesorios de acomodación se hayan difundido como parte de un estereotipo: es que el incremento de la conciencia y comprensión de las necesidades de las personas autistas ha hecho que tanto padres de autistas como autistas adultos los busquen para hacer más llevadero el día a día.

Por otro lado, sí hay un punto que se puede hacer a favor de dicha crítica, y es que también es cierto que dichas acomodaciones no son fácilmente accesibles para todos. En el Primer Mundo puede ser mucho más común ver a una persona autista con canceladores de ruido o herramientas de comunicación no verbal, pero en nuestras latitudes no están a disposición de todas las personas. Caray, yo no tengo ni siquiera un juguete de stimming (aunque no por falta de presupuesto en estos últimos meses, debo admitir). En ese sentido, es verdad que la nueva Barbie presenta una imagen que no es común a todas las personas autistas; sin embargo, eso no quita el hecho de que representa un esfuerzo importante por reflejar rasgos que se pueden asociar con la condición. Y en todo caso, eso debería ser más una crítica para que dichos accesorios y acomodaciones sean más accesibles a personas autistas de menos recursos.

Otro comentario que he visto es que el autismo no tiene una imagen como tal, por lo que no se puede pretender que la muñeca encarne la imagen propia del autismo. Eso pues es cierto, pero por lo mismo es perfectamente válido que una muñeca no blanca con accesorios de regulación y ropa cómoda sea presentada como una representación autista. Y de hecho tengo que señalar una comparación que vi sobre cómo “debería verse” una Barbie autista, porque, aunque es igualmente válida, ignora que de hecho muchas mujeres autistas tienden a desarrollar un mayor enmascaramiento por cuestiones sociales y de género, de modo que algunos podrían decir que la segunda imagen es incluso menos representativa que el diseño actual de Barbie.

Entiendo su intención, pero la “versión fanáticos” puede sentirse incluso estereotípica para algunos, algo de lo que irónicamente también se ha acusado a la nueva Barbie.

Y ya que hablamos de representatividad, una crítica también común es que la Barbie autista no es representativa de todo el autismo. Esa es una observación justa, pues debemos recordar que el autismo es un espectro, donde los rasgos se manifiestan a diferente intensidad, en diferentes combinaciones, y se expresa de muchísimas formas distintas de persona a persona. No todos los autistas requerirán de juguetes reguladores o canceladores de ruido para funcionar en el día a día.

Sin embargo, hay muchos otros que sí necesitan de artículos así, por lo que habrá muchas niñas que sí se sentirán representadas en la muñeca, y su experiencia no tiene por qué hacer menos válidas a aquellas que no requieren de dichos accesorios, ni viceversa. Por lo mismo, si una madre dice que su hija autista no se siente representada por la nueva Barbie: eso está bien, pero no hace que la muñeca sea menos valiosa. Reitero que una niña no es más o menos autista por requerir o no de acomodaciones, y tu experiencia particular no tiene que invalidar las demás.

Finalmente, una crítica importante es que se trata del movimiento de una empresa que, al final del día, está enfocada en el dinero, por lo que podría verse como una explotación de las necesidades de los menores autistas para obtener ganancia. Y la verdad es que mantener cierta suspicacia ante productos como este, aun si fue desarrollado en conjunto con una organización autista, es importante. No olvidemos lo fácil que muchas empresas abandonaron el discurso de inclusión y diversidad de personas LGBT+, el llamado capitalismo arcoíris, en cuanto un demente transfóbico y racista tomó las riendas de la Casa Blanca. Tengan siempre en cuenta: la empresa no es tu amiga.

No obstante, la realidad es que los juguetes siguen siendo una de las principales formas de aprendizaje para los niños, y es precisamente por ello que la ASAN decidió participar en el diseño de la Barbie autista junto a Mattel. Nos guste o no, participamos dentro de ese sistema. Promocionar y comercializar una muñeca que permita a las niñas familiarizarse y ser conscientes de las diferencias, de las discapacidades invisibles, no deja de ser un paso importante a nivel social. No soy partidario de soluciones reformistas, pero concienciar a la población sobre el autismo sigue siendo una necesidad importante, y debemos utilizar todos los medios posibles para hacerlo.

Como señala la divulgadora de autismo en Instagram Britney G, también conocida como Bahautistic -cuyo post sobre la Barbie autista me inspiró en parte a escribir al respecto-, siempre hay cosas que se pueden mejorar. Podría tener un diseño de ropa más bonito sin que deje de ser sensorialmente adecuado, y que las muñecas tengan una mayor variedad de tonos de piel o de figura, como ocurre con otras Barbies en la línea Fashionistas, aunque no se descarta que eso pueda venir más adelante. Pero en general, el trabajo que hicieron Mattel y la ASAN es bastante bueno como representación, y es una necesidad que hace tiempo debía cumplirse.

La Barbie autista terminó convirtiéndose, pues, en otro suceso que nos permite explorar la forma en que muchos siguen visualizando el autismo, pero también los esfuerzos que existen hoy para que dicha imagen sea más acorde con nuestra realidad. Ciertamente no representará a todos, y no deberíamos esperar que así fuese. Aun con ello, no deja de ser un paso importante para una mayor normalización de nuestra condición en la sociedad.

 

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