lunes, 22 de octubre de 2012

Cuídate la boca


Hace un par de meses, el mundo se convulsionó otra vez por causa de un cortometraje de bajo presupuesto donde se mostraba a Mahoma, el profeta y fundador del Islam, como un asesino, borracho y pedófilo, entre otras cosas. De inmediato, la comunidad musulmana en el mundo se levantó en violentas protestas, que terminaron con la muerte de un funcionario de una embajada de Estados Unidos. Todo el mundo debió recordar de inmediato el nefasto incidente de 2006, provocado cuando el periódico danés Jyllands-Posten publicó doce caricaturas de Mahoma, algunas más bien simples, otras curiosas1 y otras claramente ofensivas, lo que provocó meses de protestas por parte de los musulmanes y amenazas de muerte para los dibujantes responsables por las imágenes. Jyllands-Posten se defendió alegando la democracia secular y la libertad de expresión (que ahora parece un chaleco antibalas, y hablaré de eso más adelante), y que su intención no era, de ninguna forma, insultar a la comunidad musulmana.